Monday, October 4, 2010

Una falsa farsa inspirada en la tragedia
El infierno, de Luis Estrada, Mexico 2010


En este país ya practicabamos una farsa con bastante éxito, ir a votar y creer que en eso consiste la democracia, sin embargo, el Estado que jamás se contenta con nada, decidió hacernos participar en otra: la guerra contra el narco, pero los papeles que se nos ofrecieron en esta obra no nos gustaron, desgraciadamente nos salen muy bien: civil muerto, civil herido, persona que duerme con miedo, sociedad que no confía en nadie, extorsionado, secuestrado, y otras mas extremas, alguien que ve sicarios con tranchete en cada auto que pasa por ejemplo.

Mi papel siempre ha sido el mismo, el paranóico que cree que el gobierno en su afan de protegernos de la ´verdad´, protege a todos los que nos causan un daño dosificado, como si dijera “pobre país, sí les dijera quiénes están metidos en este negocio del narco, seguro se me suicida¨, a estas alturas la tarea le puede resultar más sencilla, sólo tiene que decirnos “quiénes no” están metidos.

A qué viene todo esto, a que Luis Estrada con su nueva película El Infierno, hace todo lo contrario, nos dice algo que ya sabemos, nos muestra algo de lo que somos testigos (más en esta ciudad), y nos demuestra que todo pinta para que las cosas sigan así.

La cinta creo que comenzó con la intención de ser una farsa, que fue escrita años antes de que todo empezara a crujir como los huesos de los muertos, pero que, dado el vértigo de sangre y odio que se desató en dos años, no tuvo más remedio que dejarse llevar por las circunstancias.

La concibo como una falsa farsa, porque toda exageración le quedó pequeña a la realidad, los números, esas cifras que avanzan rápidas como un ejército, devoraron cada chiste, cada intención de ser humor y nada más, lo que vi en la pantalla, si soy sincero, a mi ya me quedó muy lejos. A lo mucho me parece un documental antiguo con algunos chistes que ya no me hicieron reir.

Aún así puedo decir que la película me gustó y precisamente por todo lo que acabo de decir, aparte, admito que me encantan las groserías mexicanas bien pronunciadas y dichas con todas sus letras, nada de “inches, uey, ingados, utos y caón” , no ni madres, aquí los personajes hablan como nos gustaría hablar a todos, eso siempre me ha gustado, porque para decirlas así siempre hay que tener las razones claras, y si algo es claro, es que en un sitio como el que retrata la película, no se puede andar uno con cortesías ni eufemismos. Otra de sus virtudes es un excelente reparto que me sorprende por su equilibrio actoral a pesar de estar formado por tres generaciones de actores, nadie se come a nadie, y sus participación en la cinta esta bien definida.

La historia es simple, “El benny” regresa de Estados Unidos a un puebló que está peor de como lo dejó, él tampoco ha mejorado, y la vida de su familia tampoco, su hermano que era sicario fue asesinado y ha dejado una viuda y un huerfano, ante esta situación, “El Benny” decide hacerse cargo de las responsabilidades de su hermano, sin trabajo y sin opciones, no tiene otra que ir a pedirle jale a “El Cochiloco” amigo de la infancia y ahora líder de los sicarios que trabajan y protegen a uno de los dos hermanos Reyes, ambos controlan y gobiernar el pueblo de San Miguel Arcangel y se odian a muerte.

A partir de ahí la historia sigue igual, en cuanto comienzan a caer los muertos, el humor tambien desaparece, ya no hay nada de que reirse, cuando la cinta termina acorralada por la realidad, yo como espectador me siento igual, no tiene gracia ser testigos de las venganzas interminables, del odio y la corrupción, la hipocresía y la miseria que nos han ido consumiendo durante todos estos años.

Aunque “El Infierno” realiza señalamientos muy concretos a la guerra iniciada por el presidente Calderón, no hay mucho de donde agarrarse, el deterioro social de San Miguel Arcangel es el que hay en todo el país y resultado de casi cien años de podredumbre política, es en ese pueblo donde veo la verdadera representación de nuestros días, en ese campo desierto y miserable, es en ese pueblo casi abandonado donde todas sus autoridades participan en la farsa de combatir el crímen donde percibo la crítica más directa y más acertada "esto no acaba de suceder, pero esto nos ha orillado a ver en el narcotráfico la única opción"

Tal vez a Estrada se le critique por no profundizar en el asunto, no creo que en el cine eso sea una obligación, el director cumple con atreverse en poner en la pantalla lo que ya imaginamos todos, la iglesia, los politicos, todas las autoridades judiciales y parte de la población estan metidos en el asunto, además, qué necesidad hay de profundizar en algo que ya salió a la superficie, en lo particular, creo que los habitantes de esta ciudad tendremos una percepción distinta, nosotros estamos más cerca de esa guerra que Luis Estrada nos presenta, tal vez para nosotros todo nos resulte más claro, menos chistoso, saldremos del cine pensando que no hemos visto nada nuevo, y tal vez con el corazón un poco más pesado, eso lo sabré cuando la cinta se exhiba por acá, porque paradojicamente, el único lugar donde no se ha exhibido “El Infierno” es precisamente en esta ciudad que en estos dos años para muchos ya se ha convertido precisamente en eso.

Monday, September 20, 2010


Silvio Rodríguez en Voces de América:
Un concierto para una sola voz


Llegué al concierto de Silvio Rodríguez sin ninguna expectativa, así lo hago con cualquiera, aplico un metodo que aprendí por parte de un amigo: evité por casi un mes escuchar los discos o ver los videos del músico en cuestión (en este caso tenía años) y así, de esta manera, llegué dispuesto a la aceptación absoluta, lo que ves es lo que hay, en este caso, lo que oyes es lo que hay. Este metodo está lleno de ventajas, la principal, es que pase lo que pase, todo va a ser mejor de lo que esperaba.

Aún así, cuando vi la lista de canciones en el programa de mano mis expectativas bajaron más, por tres simples razones adolescentes, no estaban incluídas Canción en harapos, En mi calle, y Cuando digo futuro, bueno, dije, mientras no canté la del pinche unicornito azul estamos a mano.

A las 8:30 inició la histórica participación de Silvio Rodríguez, y para mí que no esperaba nada, todo sucedió bien, claro que no era la voz de hace 40 años, ni los mismos arreglos, hombre, que ni Silvio era el mismo, (carajo, los años pasan y lo hacen peor si uno no se cuida) y las canciones tampoco fueron las mismas, lo que a mi me sorprendió fue como esa voz distinta y esos arreglos para el conjunto de cuerdas y vientos que lo acompañó, fueron sacando del ataud de mi memoria una legión de versos que creía muertos, y ahí sí, tuve bastantes razones para emocionarme, para empezar el darme cuenta de que mi alzheimer no era tan grave como pensaba, pero sobre todo, fue descubrir en alguna circunvolución de mi cerebro los recuerdos de aquel muchacho que fui y que prefirió escuchar a Silvio Rodríguez y dejar el rock en tu idioma para después, desde esa perspectiva todo dejó de importarme, y para mi ese concierto comenzó a tener valor. Hasta que cantó el unicorny blue, pero bueno, aquel muchacho que fui era más tolerante y prefirió pensar en otra canción mientras esta se terminaba.

El conjunto de canciones que interpretó esa noche, la mayoría de ellas, adquirieron para mi otro sentido en estas nuevas circunstancias, en esos años que las escuché por primera vez, esta ciudad era un sitio propicio para la libertad y para los sueños de cualquier chamaco de 17 años, ahora, con la ciudad sitiada, mis sueños estan habitados por algo peor que las serpientes, el concierto transcurría y no me puse a pensar ni en discursos, ni en ideologías o sistemas políticos, lo que me calaba hondo era lo adecuadas que eran esas canciones para este momento, me olvidé que este hombre es cubano, que estas canciones fueron escritas en otros años, para otras ciudades y con la intención de apoyar o rechazar otras guerras y no esta, aun así, cada línea para mi caía en su sitio, yo, a diferencia de muchos tengo en mi memoria a un jovenzuelo flaco y de lentes oscuros, puedo decir con certeza -eso no está muerto, no me lo mataron, ni con la distancia ni con el vil soldado- pero por desgracia, hay otros que no pueden decir lo mismo.

Cuando cantó Pequeña seranta diurna, hizo un alto en una frase, la dejo incompleta creo que manera intencional, ... y quiero que me perdonen por este día mis muertos..., dejó fuera la felicidad que acababa de nombrar, insisto, como queriéndonos decir algo. El necio, canción que jamás había escuchado, me gustó bastante, y no porque sea una declaración pro-cuba, sino porque algunas líneas coinciden con las cosas que mis padres han tratado de enseñarme con su ejemplo: la necedad de vivir sin tener precio.

Cuando llegó la tan esperada Ojalá, canción que se dice alguna vez le dedicó (mas no escribió) a Augusto Pinochet, yo le puse la cara de “El Chapo” al dictador, mi pareja la del presidente Calderón, y fue inevitable coincidir en la frase de ...tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Para cerrar, La era esta pariendo un corazón... y ese final que parece una lista de instrucciónes para casos de emergencia debo dejar la casa y el sillón... por cualquier hombre del mundo, por cualquier casa, y tan tán se acabó el asunto, algunos dicen que Silvio se portó mal, que fue muy seco, y claro, que no cantó las canciones que debiá cantar, en pocas palabras, todos llegaron con la expectavivas cruzadas, esperando acaso un milagro, un tierno apapacho, un mensaje de esperanza, creo que Silvio se fue por el otro lado, pongánle acción, la guerra es dura, el enemigo está aquí, en ustedes, que esperan demasiado de los otros, no sé.

Algunos dirán que Silvió ha cambiado mucho, que ya no es el mismo de antes, y yo me pregunto quién lo es a estas alturas. Creo que nadie, yo no, y eso no impidió que Silvio le cantara a ese muchacho que aún lo recuerda con bastante cariño en algún pasillo de mi memoria.

Monday, September 13, 2010


Ni una letra más al narco
la postura de Pilo Galindo





Tal vez no sean estas las palabras que usó Pilo Galindo durante su participación en la mesa Espejos de la violencia en la literatura mexicana, pero fue lo que yo entendí, después Elmer Mendoza de Sinaloa, insistió en que precisamente de eso debe de hablarse pues es lo que está sucediendo y como escritores no podemos negar la realidad.

En ninguna parte Pilo Galindo sugirió negar la realidad, no habló de evasión o de cerrar los ojos, sí habló de las otras historias, de las otras personas, de los demás, de todo aquel que de unos años para acá adquirió la cualidad de sobreviviente.

Antes de entrar al territorio confuso de la escritura, la libertad y la realidad, dejo claro que apoyo la postura de Pilo Galindo, y las razones trataré de ponerlas en claro.

De buenas a primeras, el negarse a escribir sobre el narco suena a cobardía, desde mi punto de vista es todo lo contrario, un escritor que decide poner un hasta aquí a tanta infamia, pero sobre todo a tanto poder, ya ha dado un primer paso, en principio hay que considerar que el narco está invadiendo todos los ambitos de la vida social, y que dicha invasión ya está controlando y transformando dicha vida en un encierro perpetuo, convivimos con el miedo y esto, ya lo han dicho otros, ya no es vivir.

El narco de hecho, ya invadió las librerías, llaménme paranoico, pero el narco busca todas las formas posibles de estar cerca de nosotros: en las salas de nuestras casas, en nuestras conversaciones cotidianas, por eso, el hecho de que un escritor decida no escribirle una sola letra al narco, es un acto de resistencia, un acto valiente que yo por lo menos, pienso seguir.

Pilo Galindo tampoco dijo que negaramos la realidad, al contrario nos invitó a verla en su totalidad, en asomarnos a las orillas, a los margenes de cada historia, nos habló precisamente de eso, de las otras historias que suceden en y a pesar de la violencia, hay muchos sobrevivientes, hay muchas heridas, claro que hay muchos muertos, cifras y manchas de sangre en el noticiero o en el periodico, pero qué hay después de la noticia, qué sucede cuando las cifras pierden todo sentido de proporción, que pasa con lo que no aparece en la fotografías.

De eso es de lo que quiere escribir Pilo Galindo, esas cifras tienen hijos, amigos, familia, una historia. La del narco ya nos la sabemos, se escribe a diario con las palabras corrupción, impunidad, incompetencia, esa historia la leo todos los días, tal vez soy un ingenuo, pero esa historia no quiero que la lean mis hijos, habrá entonces que ponerse a borrar en vez de escribir, o como dice Pilo, negarles las palabras, cada letra irsélas quitando poco a poco.

Un escritor no puede seguir siendo el eco de la violencia, no debe prestarle su pluma al narco, al contrario debe ser la voz de sus victimas, de todos aquellos que a diario habitan una ciudad que está en medio de una guerra que no pidieron.

En cada familia hay una historia de resistencia y de esperanza, por dar un ejemplo, este año se han abierto dos bibliotecas comunitarias, sin apoyo del gobierno, pero tambien se han cerrado muchas calles en distintos sectores de la ciudad, una de esas bibliotecas está en Villas de Salvarcar, lugar donde sucedió la masacre de 14 jóvenes estudiantes, y ahí donde el narco quizó dejar su huella, los habitantes no cerraron la calle, no pidieron más soldados, más vigilancia, es más, ni siquiera pidieron dinero, eligieron abrir una biblioteca, en pocas palabras dejarle espacio a la esperanza, porque donde haya libros que no hablen del narco, todo, cualquier cosa es posible.

Como esa historia hay más, porque son muchos los heridos que se han levantado, y estoy seguro que si los escucharamos, si contaramos sus historias, todos aprenderíamos mucho.

Gracias Pilo!

Wednesday, July 14, 2010


El tedio con monos*
American Splendor de Harvey Pekar, ilustradores varios
Ballantine Books, 2003

American Splendor es un cómic que se publicó desde 1976 a 1987, escrito por Harvey Pekar e ilustrado por grandes dibujantes del genero, entre ellos el brillante R. Crumb. Pekar nacido de Cleveland es de origen judío, sin embargo, es un norteamericano común y corriente, salvo una diferencia entrañable. tiene un peculiar estilo para describir el vacío estadounidense.

Pekar puede ser clasificado como el mediocre inconforme o el talentoso de espíritu plano, sus historias no tienen ningún matiz, todo lo ve con cierta lejanía y desaprensión que pareciese estar dictando datos a otra persona.  Sus relatos aunque interesantes carecen de emociones, Pekar les ha quitado toda posibilidad de decoro, refinamiento estético, no son didácticos, y hay una monotonía en sus temas que termina convirtiéndose en algo intenso y poderoso.

Su personaje, que es él mismo, vive en un suburbio, tiene un trabajo de paga regular en el gobierno (organiza archivos en un hospital), divorciado dos veces, es tacaño hasta el exceso, no bebe mucho y prefiere no salir con los amigos, visto desde cualquier ángulo es un miserable, un alienado de sus tiempos. Se mantiene fuera de todo comentario común, en el la cuestión es si vale la pena cambiar, intentar ser otro, comportarse de otra forma, la respuesta es que en su caso eso es imposible.

Al obtener cierta fama percibe que la gente sigue mirándolo igual, el se siente distinto, ha publicado artículos en la sección editorial del periódico local, tiene un cómic que publica por sus propios medios y que poco a poco ha logrado cierto prestigio, incluso una de sus historias fue publicada en el New York Times, aun así, la gente lo sigue calificando de solitario y tacaño, para Pekar eso es sólo signo de que los talentosos no la tienen fácil en este mundo, y que importan más las relaciones públicas, el tener más dinero, es más fácil que cualquier imbécil sin talento se haga rico a que un pobre talentoso se haga famoso.

Pekar es egoísta, todo sufrimiento existe cuando es propio, el dolor de los demás no importa, sufren por ignorantes, no tienen metas en la vida, no se exigen nada a ellos mismos, en su juventud Pekar fue un enfermizo coleccionista de discos de Jazz, su sueldo lo dividía en renta, comida y discos, eso era todo, después consiguió hacer reseñas para una revista de jazz, pero se harto de que sólo le mandaran reseñar basura, su esposa le reclama que es un egoísta y además un inconforme de lo peor, esto sucede un día en que Pekar sale de compras al super, la mujer le encarga café, al regresar el cartero le entrega un paquete de discos, la misma basura que ha reseñado en años.

-Hace años sufrías por que te dejaran publicar algo, ahora que lo has conseguido te la pasas quejándote, eres demasiado exigente contigo mismo, hay gente más jodida que tu y sacan provecho de lo que tienen, y tu? tu no, cada día te enfrentas con inseguridad al mundo, te preocupas por todo-

-Si ya lo sé, tengo mi salud y debería de estar feliz con eso, pero no es así como funciona conmigo, yo sé lo que quiero escribir, ya sé que tengo que disfrutar el mundo, mira es un día hermoso y yo aquí rechinando los dientes-

-y el café, se te olvido verdad, ya se que me vas a decir que no estaba en la lista de compras, por eso mismo te pedí que lo trajeras, eres un egoísta, sólo piensas en ti mismo, jamás te preocupas por los demás, sólo andas pensando en como los editores conspiran contra ti, eres tan intransigente que no eres capaz de esperar una hora mas para ir de compras, imbécil-

ok, lo siento, voy por el, ok-

La tira termina en un cuadro terrible donde las miradas son expresivas, en ella hay coraje, en Pekar cansancio, tedio, un tedio infinito.

Pekar es el hombre angustiado por que en realidad nada lo angustia, compra ropa usada, se alimenta con cereales y comida enlatada, no es feliz en su casa pero esta comodo, llega a pie a su trabajo, nunca coopera cuando en el trabajo quieren festejar a alguien, su pais le causa un emoción plana, casi inexpresiva, un estado distinto de conciencia, ni siente rechazo, ni repudio o compasión, no siente nada, se siente a el mismo, es un antinorteamericano completo. Un individuo ajeno al sentir nacional.

Pero hay reclamos, ese vacío para Pekar debe ser causado por alguien o algo externo, en otra tira se ilustra un largo monologo sobre una situación desesperada: tiene en su casa cajas llenas del ultimo numero de su comic, no haya como venderlas, las tiendas de su amigos ya tienen suficientes, así que habla al New York Times, meses antes le habian publicado una tira, asi que trata de convencer al editor de que alguien haga una reseña sobre su trabajo, todo se queda en veremos, la esposa del editor parece interesada en el trabajo de Pekar, pero no quiere arriesgarse a reseñar un cómic, la revista tiene demasiado prestigio, Pekar decide mandarle una carta grosera a esta mujer, pero un compañero de trabajo lo convence de no hacerlo

Para que, se van a reir de ti, esa carta si la leerán todos y solo atinaran a reírse, a decir que eres un mediocre rencoroso, déjalo asi-

-y si, así lo deje, ahora cada vez que alguien me hace una chingadera como esta de dejarme esperando y hacerme promesas que no van a cumplir, solo me queda hacer una cosa, hacer una tira como esta para desahogarme

Las historias de Pekar suceden en su oficina, en el parque, en el estacionamiento, a veces en su apartamento y en otras ocasiones en la calle, es raro ver algo de cinismo, salvo en una tira donde un amigo pobretón de Nueva York va a visitarlo, es una ostra, llega siempre a la hora de la cena o de la comida, Pekar le dice que es imposible que se quede con él, el amigo se queda con un familiar pero lo corren a los cinco dias, el amigo esta indignado, llama a Pekar y lo invita a comer, Pekar, que presiente las oscuras intenciones de su amigo, lo tuerce con una propuesta miserable, pero que el amigo se merece:
-Mira, pues yo ya comí, porqué no mejor me compras tres dólares de verduras y latas y me las traes a la casa, es lo mismo que si me invitaras una comida- le dice Pekar

El amigo vuelve a llamar y le pide que loacompañe al super para comprar lo que le haga falta.

Pekar va acompañado de su esposa e insiste con lo de las verduras

-oye mi amigo, mira no traigo tanto dinero, mi familiar me echó de casa, y sabes una cosa, todo el tiempo que estuve con él tuvo el refrigerador vacío, y ahora que volví por mis cosas en la tarde, ya lo tenia lleno, un miserable-

-vas a comprarme las verduras si o no?- le pregunta Pekar.

-sólo traigo un dólar, si quieres te lo doy-

-esta bien- dice Pekar

Toma el dólar y en eso llega el amigo con el que se quedara el lastre de Nueva York, se despiden y cada pareja para su casa

-vaya que costó trabajo sacarle ese dólar- dice Pekar feliz por única vez en todo el libro.

En sus historias no hay magia, nada divino, nada fantástico, todo es decepción perpetua, la condena de lo uniforme, en una ocasión le ayudan a un amigo a llevar una enorme alfombra amarilla, la alfombra esta mojada, ha llovido, apesta y fácilmente se nota que es mas grande que el piso de la sala de su amigo, pero este insiste en que podrá usarla, la dejara secando y la pondrá en su sala.

En la siguiente tira, el amigo le cuenta de una ocasión en que borracho y sin dinero aceptó el aventón de un viajero, se encuentran el cadáver de una ballena pequeña, están emocionados, así que deciden subirla al techo del auto y llevarla a casa,

-era como esa alfombra amarilla que nos hizo batallar tanto- le dice el amigo 

-y a todo esto, que paso con la alfombra, la pusiste en tu sala- le pregunta Pekar

-no, la tiré, olía a rayos, tuve que tirarla, por eso me acordé de la historia de la ballena-

Pekar no retrata al artista preocupado por la religion, la sociedad o el arte, sino al individuo que sueña con sobresalir haciendo solamente uso de un talento limitado, de una conducta prácticamente esteril, Pekar presenta por fin al artista medio de una ciudad pequeña, al artista que no se exige nada, que no quiere arriesgarse a perder la comodidad y la seguridad que le da una vida plana pero satisfactoria, el artista con bastante talento pero detenido por el miedo al vacio en el que ya vive.

Alguien como nosotros: opacos en todo nuestro esplendor.

*Esta reseña fue publicada originalmente en el 2003 en otro blog, lo hago de nuevo en memoria de Harvey Pekar, fallecido el 12 de julio de 2010

Tuesday, July 6, 2010


Con sed de adjetivos y algo más
Sed de Champán, Montero Glez
Random House Mondadori [!]De Bolsillo. 2004

El interés de leer esta novela lo tenía desde hace tiempo, primero fue por una reseña de Arturo Pérez-Reverte publicada hace años, luego por una recomendación directa de Ricardo Vigueras, a pesar de ambas, el libro estuvo como seis meses en el librero, la verdad, fue hasta el tercer intento que pude leerla, al principio, no podía pasar de la primer página; acostumbrado a la liviandad descriptiva y a la narración directa de otros escritores, la novela de Montero Glez era para mí, lo más cercano a tratar de subir un barranco:

Se trata de un hijo de la otra orilla, digamos de la parte baja del tobogán de la vida; crianza de negra cuna y linaje confuso; pellejo delator y un paso endiablado, el suyo, que repiquetea en las calles aún calientes, culpa del último sol de la tarde. A todo esto, y según su reloj de pulsera, pasan diez minutos de la medianoche. El perfil de la luna asoma ya entre dos casas y, a lo lejos, unos ladridos le informan sobre su condición de extraño. Sin embargo, llevado por esa familiar indiferencia que se gastan los solitarios, el Charolito sigue su camino por limpias aceras. Lo hace con garbo de torero suburbial y repeinado, curtido en la alta noche a punta de capote, directo a probar suerte.

Tomaba el libro siempre desde este parrafo y por más que trataba, el pobre Charolito no podía robarse el Ferrari que tranquilamente lo aguardaba en la siguiente página, mis malos habitos de lectura no podían con ese estilo espeso atiborrado de una elegancia callejera y asuntos de baja ralea, confieso que me costó trabajo abrirme paso entre esa pandilla de adverbios y adjetivos que poco a poco me fueron acomodando en el pasillo de los que ya no vuelven al buen camino, robacarros, traficantes, padrotes y padrinos, toda una mezcla de los que no se juntan con uno por la desconfianza natural adquirida por sus nocturnas costumbres.

Así, después de haber recibido santo y puñetera seña, se me ha dejado asistir al montaje abigarrado de una novela negra oscurecida por el talante barroco que más que decorar, le agrega el estorbo y el tono necesario para narrar un carnaval de triquiñuelas, desvelos y traiciones, un desfile de personajes que van de la caricatura al esperpento, todo, en una Madrid que se cae de vieja y a la que los migrantes le salen hasta por las orejas.

Con sed de champán no es una novela fácil, primero está ese estilo que Glez depuró con exceso y que dio como resultado la mezcla de arrabales argentinos, gitanos y españoles, el acento sudamericano a más no poder y, aparte de eso, la manera en que las tramas del pasado persisten como una sombra que cubre todo lo que sucede, además, el Charolito cuenta otra historia, la última andanza de Emilio Mostaza, invención de el Charolito y capricho estilístico de alta costura elaborado por Glez, es otra historia haciendo ronda en los pasillos de este hotel fantasmal donde hasta los muertos alcanzan a contar algo.

Con sed de champán, es la historia de los que nunca han dejado de huir, porque jamás han dejado la costumbre de perserguir, de perserguirse el uno al otro como lo hace la Carmelilla, que va con sus catorce años y su cuerpo de dieciocho detrás de Charolito, aun sabiendo que dicho encuentro encenderá la furia de la familia:

Con el fuego por dentro, la piel caliente sobre los billetes gastados, se revuelcan sin pudor en lo más alto de la deshecha cama. Él se hunde; con un golpe certero penetra su cuerpo recién hecho, afectuoso y horneado, inocente y culpable a la par. Ella le recibe, siente su punzada y su respiración, cada vez más rápida, más sonora.

Toda historia es simplemente una persecusión, una cacería de presas concretas, el último respiro de lo que se odia, es lo que persigue el Flaco Pimienta que le dejó la sentencia escrita a Charolito, otros buscan las monedas, otros esconderse de la muerte, todos persiguen y huyen de algo, y cuando estos motivos se cruzan con los de otros, es muy fácil que la muerte ajena se tropieze con uno y salude de pasada a otro, así de simple es el destino de los que prefieren no dormir desnudos, no tener puerta donde lo esperen y bar donde lo saluden, la novela de Glez es un laberinto de truhanes que han perdido hasta el apellido pero jamás ese retazo de corazón y hueso herido que llaman código de honor, reglas que cederán poco a poco al igual que las tablas viejas, pero que mientras duran, sirven para sostener el pasado y hasta el presente.

Con sed de champán es sólo eso, las historias de hombres y mujeres que van con el corazón clavado en los talones del otro, el ajeno, el lejano, el que huye lo más rápido que puede, Si la leyeramos en voz alta resultaría en una radionovela negra perforada por el ruido de las balas, los jadeos de los que arriesgan la espalda por un cuerpo y los que no tienen nada que perder, Montero Glez toma el barrio bajo y lo pone ante nuestros ojos con escasa ternura, las ciudades están hechas de esto, una miseria huyendo de otra miseria, no hay otra cosa, nunca la habrá.

*En esta edición viene la lista de personajes (que son bastantes) al final, les recomiendo leerla antes de iniciar la novela.

Tuesday, June 29, 2010

Amor, humor y des-humor o el arte de sobrevivir a la familia
Más respeto, que soy tu madre. Hernán Casciari
Grijalbo, 2006

Hace unos años, cuando el blog era lo nuevo y todos tratabamos de entender dicho fenómeno, en otros lugares hubo personas que tomaron ese espacio para crear personajes virtuales, el más simpático de los que llegué a leer fue Mirta Berttoti, supuesta autora de Diario de una mujer gorda, en ese blog Mirta nos contaba de vez en cuando las suertes y desgracias de una familia de clase media que no paraba de hacer locuras, su hijo de en medio se la pasaba haciendo figuritas de mierda cuando iba al baño, la hija se iniciaba sexualmente, mientras ella poco a poco se iba retirando de dicha actividad recreativa, gracias al poco interés de su esposo, el Zacarías. Todo esto era contado con un estilo de humor bastante natural y sin pretensiones.

Pocos fueron los blogs que tuvieron éxito, este, es uno de ellos, su autor Hernán Casciari obtuvo tanto que su creación ha sido llevada al teatro, el radio y por supuesto, un libro, en el 2005 su creación fue elegida como el Mejor Blog del Mundo por la revista Deutsche Welle, ahora en el formato de libro, tenemos la oportunidad de saber porqué.

Más respeto, que soy tu madre, tiene todo lo que una telenovela odiaría tener, humor, sexo, blasfemias, es politicamente incorrecta y no tiene ningún recato, aún así, el personaje que narra todas las fortunas y desventuras de una familia disfuncional, le agrega drama a cada página que escribe, como se le hecha sal a cada taco que uno se prepara.

El libro inicia con la llegada de su menopausia:

Mientras escribo navego en una página médica, pero todo lo que dice allí no es ninguna novedad. ¿Tiene dolores óseos? ¿Tiene depresión, irritabilidad, angustia, insomnio? Sí. ¿Tiene molestias en las relaciones sexuales? Ni la más remota idea, señor médico virtual, porque el Zacarías no se toma la molestia de descubrirlo desde hace siglos, que se dice pronto. ¿Tiene mayor flacidez en las mamas? Sí, parecen dos quesos de Burgos. ¿Tiene sequedad vaginal? Tengo para mí y para regalar. ¿Qué más tiene, señora? ¿Qué más tengo? Tengo cincuenta y un años, ocho meses y trece días. Tengo ganas de llorar y de que alguien me abrace. Pero son las cinco de la mañana y toda la familia duerme como si en esta casa no pasara nada.

Después de eso, somos invitados a vivir la vida loca, ese largo y sinuoso camino que significa ser la madre de Toño, el tarado y mariguano de la familia, Nacho el hijo que era gay y después no, Sofi que anda por ahí descubriendo el mundo, Don Américo o el Nonno, abuelo mariguano, aprendiz de baterista y con un apetito sexual insaciable, la Negra Cabeza, primer novia del Toño a la que el abuelo se pasa por las armas, y el infaltable Zacarías, esa mezcla de macho fan del futbol y bebedor problema que resulta ser el esposo de la narradora que cada día que pasa lo sobrevive al borde de las lágrimas.

Así, sin más, Hernán Casciari me arrancó una que otra carcajada en esta temporada donde el humor es algo que se agradece, más cuando parece escasear entre lo que uno encuentra en las librerías, de hecho, el humor escasea en todos lados, y cómo no, si cada vez es más innasible, sigue siendo ese objeto oscuro del deseo de algunos, un sencillo aderezo cuya receta no le sale a todos, el humor es o no es, así de simple y terrible es el asunto, y Casciari logra andar con extraño equilibrio una historia sencilla: el principio de la tercera generación de la familia.

Lo que mas me sorprendió fue la capacidad para sostener el tono de mama campanita atascada de anfetas, pues ninguna madre que se precie de serlo sería capaz de soportar cualquier suceso de esta familia sin caer en el soponcio, por que la mujer aguanta de todo, que el Toño llega con una africana de novia, vale, que el Nonno y el Toño pelean por la africana y terminan en la cárcel, tambien pasa, que la Negra Cabeza (así le dicen a la muchacha) termina de sirvienta-mesera de la casa, pues como que ya es el colmo, pero la cosa sigue, Nacho el maricón una noche descubre que no lo es, esto sucede en una cena con los nuevos ricos del barrio, cuando el padre de Marilú los encuentra pegados como perros, con la madre jalando de uno y la Sofi de otro tratando de interrumpir tan incomoda situación, termina por golpear a el Zacarías, padre del ofensor:

-¡Mi niña era vírgen, soldado Zacarías!- decía mientras pegaba y lloraba.
-Y mi niño era marica, soldado Pepe!- susurraba el Zacarías, sangrando feliz.

Antes de esto, cuando Zacarías no se hace a la idea de tener un hijo “diferente” se da uno de los mejores diálogos en el libro:

-No, gracias papá; el pollo lo prefiero con mostaza.
-¿Pero alguna vez has probado la mayonesa, hijo?-le pregunta el Zacarías
-He probado las dos cosas, y me gusta más las mostaza, papá.
-Pero habiendo tan buena mayonesa en este país -insiste mi marido- no me entra en la cabeza que te guste la mostaza.
-He estado cinco años comiendo el pollo con mayonesa solamente para aparentar -se sincera el Nacho-, pero ya me cansé.
Zacarías no da el brazo a torcer:
-Igual nunca has encontrado una buena mayonesa que te haya puesto los pelos de punta…
-No es una cuestión de calidad, papá -niega el Nacho- con la mayonesa no siento nada, en cambio con la mostaza soy yo mismo, y quiero sentirme orgulloso de comer mostaza.
-Tendría que haberte llevado a probar mayonesa cuando tenías doce o trece años- se lamenta Zacarías-, como se hacía antes.
-No es eso, no te culpes de nada.
El Nonno, que había seguido la conversación muy serio, rompe la magia:
-Bambino ¿e no has probado nunca la salsa roja, que é mayonesa e mostaza tutto a la vez?
-¡No seas pervertido, papá!- se asquea el Zacarías- ¿No ves que hay criaturas en la mesa?

El humor del libro es constante pero no excesivo, alguna formula secreta ha de tener el tal Casciari para no aburrir ni cansar, es dificil mantener tanta ocurrencia dentro de un espacio tan reducido, los únicos capítulos que fallan terriblemente, son aquellos donde el Nacho invita a cenar a su novio y éste insiste en que no son una familia real sino una agencia de publicidad tratando de colocar una novedad editorial en el mercado. No sé si esto fue una crítica a los reality shows que en aquellos años según algunos eran interesantes o fue cuando se descubrió que el autor del blog era hombre, como sea en el libro resultan fatales, rompen con una secuencia bien armada, un detalle que se agradece es el haber adaptado algunos datos para hacerla legible en México, los equipos de futbol rivales son el Guadalajara y el América, López Portillo y Vicente Fox son nombrados para aclarar ciertas décadas en la historia de la familia, supongo que en los otros países donde se ha editado este libro, hicieron lo mismo, demasiada atención a los lectores me sorprende.

Más respeto, que soy tu madre, es un libro dominguero, pero de los buenos, sus personajes se quedaron un buen rato conmigo, sus actos y desastres me divirtieron bastante, la ternura de la narradora jamás rebasó el borde del frasco de mermelada, y el equilibro de tonos y personalidades me sigue pareciendo genial, entre el cinismo, el impudor, la valentía y el sentimentalismo de todos, Casciari logra dibujar una familia casi real, salvo esa humor negro que en cada integrante tiene su peculiar manera de manifestarse, algo así como un gen enfermo que brilla de manera intermitente y que los hace únicos, respetables.

Wednesday, June 23, 2010

Noticias desde el infierno
Territorio Comanche, Arturo Pérez-Reverte
Editorial Alfaguara, 2001

Hay autores que sobresalen en la brevedad, a pesar de que Pérez-Reverte es famoso por algunas obras que rebasan las 300 páginas, yo prefiero sus instantes de realismo y memoria fría, sus artículos compilados en Patente de Corso y Con animo de ofender, son textos que repaso cada año, sólo para admitir que nada ha cambiado, otro libro al que vuelvo con la misma frecuencia es Territorio Comanche, un recuento sin moral alguna de sus 21 años de corresponsal de guerra.

21 años de contemplar la podredumbre humana resumidos en 136 páginas suena algo extremo, pero la realidad siempre lo ha sido, y esa podredumbre no ha dejado de existir, Pérez-Reverte lo sabe de primera mano y arma una breve historia en la que suceden todas las guerras anteriores, mientras Márquez, el camarografo de Barlés espera a que un puente sea derribado, siempre ha querido filmar uno al momento de caer, y ese día en Bijelo Polje, una ciudad al norte de Montengro en plena guerra, todo parece indicar que el viejo puente de piedra tiene las horas contadas, y es en esa horas de espera, donde el narrador recorre otro territorio devastado, la memoria de cada uno de ellos.

Sin preambulos, ni descripciones decorativas, y como simple corresponsal del infierno, Pérez-Reverte viaja del pasado al presente en las vidas de estos hombres que lo han visto y escuchado casi todo, niños con la cabeza aplastada, ancianos abandonados a su suerte en los asilos, una biblioteca en llamas, cadáveres por todos lados:

Arrodillado en la cuneta. Márquez tomó foco en la nariz del cadáver antes de abrir a plano general. Tenía el ojo derecho pegado al visor de la Betacam, y el izquierdo entornado, entre las espirales de humo del cigarrillo que conservaba a un lado de la boca. Siempre que podía, Márquez tomaba foco en cosas quietas antes de hacer un plano, y aquel muerto estaba perfectamente quieto. Cuando tenía que hacerle un plano a uno, Márquez siempre accionaba el zoom para enfocar a partir de la nariz. Era una costumbre como otra cualquiera, igual que las maquilladoras de estudio empiezan siempre por la misma ceja. En Torrespaña eran famosas las tomas de foco de Márquez; los montadores de video que suelen ser callados y cínicos como las putas viejas, se las mostraban unos a otros al editar en las cabinas. No te pierdas ésta, etcétera. Junto a ellos, los redactores becarios palidecían en silencio. No siempre los muertos tienen nariz.

Así, en este ir de una guerra a otra comprendemos verdades muy sencillas, todas las guerras son la misma cosa, pisos que crujen al caminar sobre ellos, llantos, manchas de sangre, el penetrante olor de la orina en el encierro, rostros mirando hacia cualquier parte, miedo y una bola de hijos de puta cuyo corazón ha sido devorado por los tambores de la guerra.

Pérez-Reverte, tal vez sin proponerselo tambien hizo de Territorio Comanche un sentido homenaje a sus colegas, porque este libro esta lleno de otros corresponsales de guerra, de vivos y muertos, de los que sobrevivieron amargamente y de los que cayeron en desgracia por culpa del azar y uno de los hijos de puta que mencioné antes. Hombres que aterrizaron en sus países y terminaron sus vidas en un accidente de auto, o los que prefirieron arrugarse detrás de un escritorio al sacar cuentas y descubrir que entre las balas del próximo día una ya tenía su nombre.

Ante el horror de la guerra, el autor aún se da oportunidad de poner en claro el absurdo de los medios de comunicación, a los corresponsales se les piden comprobantes de gastos, y cómo compruebas el soborno a un guardía, la compra de gasolina a un contrabandista, o los servicios de un guía clandestino que tambien va huyendo de la guerra. Las facturas que se pagan son otras, el tratar de dormir en pleno bombardeo, el despertar antes de que una granada explote en el mismo piso de hotel donde te hospedas, el salir a cubrir el territorio y no saber si volverás a ver a tus colegas por la tarde, salir a ver el horror frente a frente y no obtener nada a cambio

Nada es tan frágil como lo que tienes, se dijo. Y lo más frágil que tienes es la vida.

Ahí en la calle, donde todas las ciudades en guerra tienen el mismo aroma: sangre y polvora derramada, Pérez-Reverte sabe que del otro lado los que contemplamos ese minuto de guerra en el televisor (minuto que le ha costado todo el día), no tenemos ni la puta idea de lo que es estar ahí, para nosotros la guerra es algo lejano y ajeno, algo que se puede resolver con buena voluntad y la colaboración de todas las naciones, de ese asunto no sabemos ni una mierda

Con los compromisos intelectuales, con los manifiestos de solidaridad, con los artículos de opinión de los pensadores comprometidos y las firmas de las figuras de las artes y las ciencias y las letras, los artilleros serbios se limpiaban el culo desde hace tres años

Territorio Comanche narra estas horas de espera y esos años tras la sangre, esos minutos que Márquez pasa preocupado más por la bateria de su Betacam, que por la bateria enemiga que se acerca, esos segundos en que Barlés pasa lista entre sus vivos y sus muertos, entre el horror y sus fantasmas, ese instante en que toda la historia de un puente se derrumba y se esparce en la nada, como las vidas que se esparcen en nombres, en cifras estadisticas, en 30 segundos de transmisión, en nada.

Tuesday, June 8, 2010


Inmersiones: Crónicas del viajero inmóvil
La escafandra y la mariposa. Jean-Dominique Bauby
Plaza & Janes.1996

Una tarde cualquiera conduces el auto con tu hijo a un lado, comienzas a sudar frío, y una cuestión cardiovascular te bota los breakers, veinte días en coma después, cuando despiertas, tardas en comprender lo que ha sucedido, sólo puedes mover el ojo izquierdo. ¿Tienes ganas de escribir un libro?

Eso fue lo que hizo Jean-Dominique Bauby, quien antes de enfermar fue editor de la revista Elle en Francia, y es uno de esos libros que resaltan por su sencillez, su ausencia de intención, y ese peculiar humor que le pertenece a los enfermos.

Ante esa extraña situación clínica conocida como locked in syndrome, (encierro en si mismo) Bauby sabe que tiene pocas alternativas, ha dejado de habitar el mundo, él simplemente ya no es quien era, y antes de que la locura o la desesperación sean las única sensaciones posibles, decide tomar un tren hacia cualquier parte de si mismo. Viajes hacia la memoria, transcripción en tiempo irreal de cada día que sucede dentro del hospital, el aprender a comunicarse con el movimiento de un párpado y la lectura de un alfabeto en desorden, todo, con la simple intención de seguir dejando un rastro, una marca, algo mas que palabras escritas sobre el agua.

Sueños, pesadillas, recuerdos de viaje, la última charla con su padre, los planes que tenía para esa tarde cuando todo dejó de suceder, cada cosa que va contando Bauby a lo largo de su libro es parte de una construcción sólitaria, la torre de alguien que se aferra a no perder la cordura, y que prefiere externar todo lo que sucede dentro. Más allá de toda alegoría, el testimonio de Jean-Dominique Bauby es la primer transcripción de un hombre que está condenado a permanecer dentro de sí mismo, alguien que nos habla desde la más profunda tiniebla, alguien que en la soledad absoluta de cada hora que pasa, sólo tiene su imaginación y su memoria para huir de su circunstancia.

Bauby es un fantasma que recorre los pasillos de si mismo, encuentra las viejas galerías llenas de aromas, sonidos, personas, anécdotas divertidas y las confronta con su presente, todo está lejos de todo, mover un dedo es peor que tratar de levantar un edificio, saborear algo es simplemente imposible, acariciar o abrazar a sus hijos es un sueño que toda la vida fue algo fácil de realizar:

Me ha invadido una oleada de tristeza. Théophile, mi hijo, está ahí sentado tan formalito, con el rostro a cincuenta centímetros del mío, y yo, su padre, no tengo siquiera el derecho de pasar la mano por su espeso cabello, de pellizcarle la nuca cubierta de pelusa, de estrechar su menudo cuerpo liso y tibio hasta sofocarle. ¿Cómo decirlo? ¿Es algo monstruoso, inicuo, repugnante u horrible? De pronto me derrumbo. Las lágrimas afloran y de mi garganta escapa un ronco espasmo que sobresalta a Théophile. No tengas miedo, chaval, te quiero.

La escafandra y la mariposa hacen alusión a los dos únicos pasatiempos que Jean-Domique puede realizar dentro de su cabeza, sumergirse en su memoria, o volar fuera del hospital para recorrer de nuevo las ciudades desconocidas, conversar otra vez con aquellas amistades que hoy lo miran con tristeza, en su memoria vuelve a saborear sus comidas favoritas, da largos paseos nocturnos por las calles solitarias, todo lo que sea necesario con tal de evitar la sensación de encierro, todo por hacer placentero el viaje inmovil en el barco más tenebroso del mundo: uno mismo.

Thursday, January 28, 2010


Aforismos, de Francisco Hernández
Ediciones Monte Carmelo, 2002.
Pequeñas agujas para atravezarse la lengua
e inundar de sangre la garganta

Mis ideas sobre la poesía son muy simples, por no decir que limitadas, para mí, la poesía debe ser algo que brille, pero tambien algo que duela, no concibo al objeto estético en sí y para sí, para mi entonces cada poema debe ser como un vidrio, algo que multiplique las luces y las sombras, un espacio donde encontrarnos leve o totalmente con nuestro propio reflejo, pero tambien algo que corte, que deje una herida o regresando a lo anterior, nos ayude a reconocerlas por medio del reflejo y la multiplicación, cada poema debe ser una cicatriz compartida, un dolor que se contagie a travez de los sentidos de la vista y el oido, una sola línea debe de ser capaz de poner en claro las palabras turbias que habitan nuestra memoria.
Cuando me preguntan a cuál poeta mexicano le pertenecen mi admiración y mis pretensiones, respondo siempre con el nombre de Francisco Hernández, para mi no hay otro que se haya sumergido en los pantanos del dolor y haya salido de él para, precisamente, compartirnos las heridas, las cicatrices y el dolor:
-Cuando era niño yo quería ser un poeta maldito. ¿Tú a qué jugabas?- con sólo esa línea todas mis aspiraciones quedaron en el suelo, la leí hace mucho gracias a Bernardo Jauregui. Qué fue lo que entendí, que al comenzar a escribir yo no tenía idea de a qué estaba jugando, Francisco Hernández sí, pero sobre todo, reconoce que estaba inmerso en un juego peligroso. ¿Yo a qué jugaba? Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo.
No recuerdo cómo conseguí este libro, ¿fue una compra? ¿un regalo?, lo que viene a mi memoria es la frase del cintillo “menos de cinco ejemplares vendidos”, todavía me pregunto si habrá sido ocurrencia del propio Hernández, probablemente una burla precisa para sus años de redactor de textos publicitarios.
Estos aforismos aparecieron en forma de folleto en Comalcalco, Tabasco el año de 1997, la recopilación fue realizada por el joven tabasqueño Ervey Castillo, cinco años después, se publicaron de nuevo en una edición corregida y aumentada con un prologo de Marco Antonio Campos.

En algunos de ellos, Hernández aborda el oficio de los que estamos condenados a depurar desde el silencio las palabras que la vida le va dejando en el camino:
-El poema es la huella que deja el homicida en el lugar de los hechos (la hoja en blanco es el crimen perfecto).-
-El lenguaje es la más pronunciada de las trampas.-
-El poeta no descansa: el tiempo lo desgasta para probar que existe.-
-Ah, si las palabras se deformaran al escribirlas como cuando las gritas.-
-¿Cómo escribirte en verso lo que miro, si en todas mis palabras hay ceguera?-
¿Qué hay en esas líneas? Todo, el lenguaje vuelto contra si mismo, la extravagante idea de que el oficio de poeta carece de belleza alguna pues le es imposible transcribir el dolor tal cual es, que el tiempo no es amigo de nadie, que a las palabras les es imposible ver aquello que nombran.

Hay una línea que es un verdadero grito de guerra, una declaración no de principios, pero si de origen y destino:
-Yo soy el pararrayos de esta torre y soy la llave y la puerta del infierno.-
Es una frase con clara pretensión maldita, hay que admitirlo, pero aquí lo que se aprecia es el acto de pronunciar en voz alta lo que la mayoría no se atreve ni a susurrar. Me agrada que diga del infierno en vez de este infierno, que no se limite a un territorio personal, que tenga la intención de incendiarlo todo.

Por último están las frases que se refieren al amor, en Francisco Hernández hay una constante con la que estoy de acuerdo, el amor es una colección de ausencias, un cuarto donde se acumulan los fantasmas, las memorias más dolorosas, son las que dejan los amores que no sucedieron, amar es unir nuestras cicatrices sólo para formar una más fresca y más brillante, inventarse un dolor nuevo para no andar solos por la calle:

-La luz hiere. Al mismo tiempo deja ver la herida. El amor hiere, pero no descubre el tajo que produce.-
-No volveré a tocarte, tu nombre ya no pronunciaré. Aquí sobre la espalda de un combatiente que agoniza, acepto la derrota y esta imbécil nostalgia por el reino.-
-Amo entrañablemente tu carne de fantasma.-
-Nada se de tu piel, sólo que está en la noche, amaneciendo.-
-Tu ausencia es otra devorante geografía-

Pero mientras el amor sucede, el dolor es tan tibio que adormece, las señales del daño estan ahí, pero uno eligirá siempre el riesgo de hundirse en los ojos de otro:
-Nada como el tormento de desear a quien es libre de cumplir sus deseos.-
-No tengo escapatoria cuando me miras para dejarme en libertad.-
-Otro día sin verte, sin poner mis pupilas encima de tus trampas.-
-No hay labio que no sueñe con el zarpazo de una lengua insomne.-
-El amor es lo que estos niños felices desconocen.-
Líneas que nombran la única trampa de la que no tenemos escapatoria, el deseo duplicado por la inconcencia, sueños habitados por una lengua que no duerme y que no pierde el tiempo en articular palabras, la ironía perpetuamente derrotada: la felicidad nada tiene que ver con el amor.

En esta breve muestra de versos de Francisco Hernández que el jóven Ervey Castillo extrajo y presentó como aforismos, se ven las agujas afiladas en que pueden convertirse las palabras, esos gritos transformados en cuchillos para atravezar la piel de los insomnes, pequeños vidrios para iluminar a los que habitamos la malaluz, cada una de ellas y en conjunto nos están diciendo algo, un murmullo que debe permanecer siempre en nuestros oídos, antes de pensar en escribir ,hay que escuchar los epitafios de nuestra esperanza: Nadie saldrá sin llagas de este incendio. Todos nacimos para ser olvidados.

Thursday, January 21, 2010


La grandeza del cine mexicano, Jorge Ayala Blanco
Oceano, 2004
La actitud del crítico ante una situación crítica


A Jorge Ayala Blanco lo leí en el periódico El Financiero hace unos cinco años cuando yo trabajaba en la universidad, antes de eso leí otras críticas en algunas revistas y suplementos culturales, siempre lo he considerado como el único crítico de cine mexicano, único en su estilo y hasta ahora el único que conozco que ve casi todo lo que se produce en el país, es natural entonces que su estilo sea agrio arido y ácido, consumir todo el cine de este país, no puede causar otra cosa que unas largas y terribles agruras.
Su trabajo no se ha reducido a las colaboraciones, desde hace años lleva publicando libros sobre cine mexicano, sus títulos, por alguna extraña razón consisten en una palabra que abraza todo el sentido de la obra, anteriores a este libro han aparecido La aventura del, La busqueda del, La condición del, La disolvencia del, La Eficacia del y La fugacidad del cine mexicano. Y sí, después de este libro sigue La Herética del cine mexicano, y con la I, pues se me ocurren bastantes palabras, supongo que a el autor también.
Esta palabra con la que titula cada uno de ellos es manejada en todos los sentidos, en este caso la grandeza se ve con ironía y seriedad, pasa por la grandilocuencia y esa insoportable “grandeza” que ya no existe pero se trata de aparentar, de esta forma Ayala Blanco critica cerca de 95 producciones cinemátográficas entre películas, cortos y documentales realizados de 1997 al 2003, y hay de todo, ironías simples, ataques de pánico y comentarios tan ácidos capaces de atravezar una butaca de cine, admito que el estilo es díficil, pero al pasar de las páginas va adquiriendo sentido, díficil para uno, que que confunde las reseñas pederas de las revistas “especializadas” con crítica cinematográfica, esta última no pone estrellitas o pulgares abajo, esta se sumerge realmente dentro de lo que está presenciando, hace una lectura de lo que hay y por supuesto de todo lo que no hay en la pantalla, como todo producto salido de México, el cine tambien consiste en excesos y en carencias, no hay punto medio, se pretende siempre ser la obra totalizadora a partir de abarcar historias dispersas y todos los filtros posibles, todas las técnicas de edición, pero siempre, seguiremos tenendo el peor sonido que existe.
Ayala Blanco pone todo en contexto: las antecedentes del director: dónde estudió, que hizo antes, quien escribió el guión, con que fondos se financió la cinta, y eso es nada más para empezar y para dejar en claro que el cine no es obra de una persona, lo que sigue es una sinopsis de la historia, el conflicto en sí resuelto en tres o cuatro parrafos:

Ni mucho ni poco ni mucho menos Demasiado Amor, al menos según la cinta con ese demasiado título de Ernesto Rimoch (2000). En lo que se reune con su hermana mayor Laura (Ana Karina Guevara) que partió a España en pos de nuevos horizontes para la casita de huéspedes conjuntamente soñada y mejores oportunidades supuestamente para ambas, la secre simple de alma y fea con suerte prototipo de la mexicanita acomplejada Beatriz (Karina Gidi de autocompasión con pasión) pronto se dedica a levantar galanes en una cafetería, primero por accidente, esparcimiento o curiosidad; enseguida por fascinación ante el descubrimiento de sus propias aptitudes y posibilidades amatorias, pues vivía en el ostracismo, sin darse cuenta de su atractivo para con los hombres; luego por sacrificio, ejerciendo sin sordidez una prostitución velada e innombrable a lo Santitos (Springall, 1999), para satisfacer las crecientes demandas monetarias de la emigrante fraterna, y finalmente por inercia o vicio circuloso, hasta que reaparezca el Gran Amor encarnado por el ligue enigmático de las intermitencias y el folclor viajero Carlos (Ari Telch), ese afelpado rondador ronroneante de hipotética personalidad tan arrolladora como su pick-up roja, aunque la hermana explotadora jamás mande por la batracita Beatricita ahora prendada prendida falorreverente gatita mimosa. pág. 180

Otra cosa que distingue a este crítico es su conocimiento del cine tal cual, los movimientos de cámara, las secuencias, los recursos retóricos, estructurales y literarios, aparte de los históricos e histriónicos, el hombre sabe de lo que está hablando, y por eso, ante producciones tan dispares como son las mexicanas, sus comentarios no tienen otra intención que dar testimonio de lo que ha visto según su propia experiencia de espectador, rara vez aplaude, es cierto, y da la impresión de que todo le desagrada, aún a las cintas que le han provocado placer suele señalarles con precisión sus defectos, sobre Japón de Carlos Reygadas, transcurren preguntas a lo largo del texto:

¿Incógnita primigenia o evidencias esenciales?... ¿Anécdota mínima o rugosidad reveladora?... ¿Originalidad superficial o recreación profunda?... ¿Instinto de muerte o volencia lastimera?... ¿Aborto suicida o problema relacional?...

He llegado a pensar que este hombre no disfruta el cine, sino que lo sufre y lo que hace es compartirnos su dolor, y cómo no ante cintas como Serafín, la película de René Cardona III (2001) Guerrero coescrita y protagonizada por el mismísimo Félix Salgado Macedonio, diputado federal por el PRD y Lina Santos dirigida por Benjamín Escamilla Espinoza (2001), El misterio de la trinidad, de José Luis García Agraz, Inspiración de Angel Mario Huerta Cantú (2001), o Alex Lora, esclavo del rocanrol, Luis Kelly (2002). Estas son las representantes de la grandeza de carencias que sufre el cine mexicano, junto con otras de regular manufactura pero que tienen su grandeza en las pretensiones como Crónica de un desayuno de Benjamín Cann (2000), grandeza de temas abarcados como El crimen del padre Amaro de Carlos Carrera (2002), grandeza en los créditos de producción Y tú mamá también de Alfonso Cuarón (2001), o grandeza en frescura argumentativa Por la libre de Juan Carlos de Llaca (2000).
Aunque como lector me resulta frustante no haber visto todas las películas que aborda Ayala Blanco, algunas por accidente o por bondad del videoclub pirata si las he visto, entre ellas Cuento de hadas para dormir cocodrilos de Ignacio Ortiz Cruz (2001) el documental Señorita Extraviada de Lourdes Portillo (1999-2001), Amar te duele de Fernando Sariñana (2002), Perfume de violetas de Maryse Sistach (2000), y De la calle de Gerardo Tort (2001)
Triste es haber dejado pasar cintas como Un mundo raro de Armando Casas (2001), de la cual habla muy bien, o saber que Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, nunca acabarás de ser amor de Julián Hernández (2003) es inconseguible por estos lados, pero Gabriel Orozco, documental de Juan Carlos Martín la he visto en el saldo de Soriana a 32 varos, junto con Japón de Carlos Reygadas (2001), así que pronto tendré chanza de verlas, sobre el que no guardo ninguna esperanza es el corto Y cómo es él de Issa García-Ascott Ogarrio (1998-2000), que recibe en libro casi todos los halagos posibles:

…Ejercicio de estilo precozmente dueño de sus recursos expresivos, la ficción correspondiente a la generación del Qué pedo guey se estructura con base en secuencias redondas, brillantes secuencias casi autónomas y con distinto tratamiento, fragmentación, naturaleza y resoluciones internas, cual inagotable repertorio de posibilidades y homenajes posmodernos a los cineastas mundiales-faro más próximos a la sensibilidad juvenil de los últimos años noventa, aunque sosteniendo siempre un elegante y displicente tono general. pág. 211.

Qué dijo, pues que este corto de 28 minutos, está excelente, y nada más.
Por último, hay que reconocer que el trabajo de Jorge Ayala Blanco se basa en años de vivir y ver el cine, de estudiarlo y de años dedicados a la enseñanza, pero tambien de su conocimiento de la situación social y económica del país, sólo en ese contexto es posible abarcar una obra tan diversa como lo es el cine mexicano, y aunque sus objetivos no se ven claros, este trabajo como los anteriores, son un ejemplo de lo que debe ser la crítica de cualquier disciplina artística en México, esta debe ser una labor diaria, abierta y sincera, no hay otra forma, no hay otra manera, sólo quien intenta verlo todo, entiende y es capaz de apreciar la grandeza cuando esta aparece.

Wednesday, January 20, 2010



Yonqui. Willam S Burroughs
Anagrama. 1997
Un profundo viaje a las alturas artificiales


Puede sonar exagerado pero esta novela debería ser lectura obligada en las escuelas, y si no ahí, debería serlo entre los funcionarios que apoyan la guerra contra el narco y las instituciones encargadas de la salud en el país. Publicada originalmente en 1953 bajo el nombre de William Lee, sigue siendo tan vigente como en aquellos días.
Pocas son las novelas donde un adicto expone su tránsito por los terregosos caminos de la droga de la manera en que William S. Burroughs lo hizo hace más de 50 años, sin intenciones redentoras y sin el aura mística que comunmente se ve en este tipo de obras, tampoco hace apología de la droga, en pocas palabras, lo que Burroughs dice esque drogarse no es divertido para un adicto, pero le es necesario.
Es fácil entender porqué causó tanto escándalo en esos años, para empezar el adicto no era un personaje ficticio sino el mismo autor, y él no era un miserable sin educación alguna, si no alguien con dinero y una formación académica con todas sus necesidades económicas cubiertas, entonces, ¿porqué este hombre de clase acomodada terminó siendo un adicto?

La respuesta es que, normalmente, nadie se propone convertirse en drogadicto. Nadie se despierta una mañana y decide serlo...

... Uno se hace adicto a los narcóticos porque carece de motivaciones fuertes que lo lleven en cualquier otra dirección. La droga llena un vacío. Yo empecé por pura curiosidad. Luego empecé a pincharme cada vez que me apetecía. Termine colgado... Nadie decide convertirse en yonqui. Una mañana se levanta sintiéndose mal y se da cuenta de que lo es.

Y partiendo de ahí, desde su primer experiencia con la droga, el abuelo William nos cuenta su larga travesía por los mares de la adicción, el largo peregrinar por la ciudad para obtener recetas de morfina, las tediosas esperas y busquedas del camello, su fracaso como distribuidor, el síndrome de abstinencia tan frecuente, su intención de querer dejarlo, los arrestos, los internamientos, las recaídas, el huir de el país. Drogarse nunca fue glamouroso.
Aún así, la novela si tiene una intención didáctica, enseñarles a los demás, a los que no entienden nada del asunto, de qué se trata ser adicto, cómo se vive, qué se hace, a qué se enfrentan cada día. No creo que Burroughs haya buscado originalmente algo de comprensión, para nada, simplemente expone su caso de manera clara y precisa, no hay remordimientos, nada de que arrepentirse, es sólo la narración de un largo viaje de exploración y aprendizaje.

Cuando una persona se engancha, todo lo demás carece de importancia. La vida queda enfocada hacia la droga, un pico y a esperar el siguiente, todo está lleno de “material” y “recetas”, “agujas” y “cuentagotas”. A veces el adicto cree que lleva una vida normal y que la droga es algo accidental. No se da cuenta de que las actividades que no tienen que ver con la droga las realiza como un autómata. Hasta que su fuente de suministro se corta, no se da cuenta de lo que la droga significa para él.

“¿Por qué necesita tomar estupefacientes, señor Lee?” es una pregunta que suelen hacer los psiquiatras estúpidos. “Necesito droga para levantarme de la cama por la mañana, para afeitarme y para desayunar. La necesito para seguir vivo” es la respuesta.

Claro que tanta frialdad sorprende, como debe hacerlo todo relato que contenga el hundimiento de uno mismo, en la dureza de su estilo y en la profundidad de sus simples reflexiones, Burroughs deja todo tal cual es, no hay remordimiento, mucho menos expresa la necesidad de compasión, nos muestra el cuarto sucio sin levantar nada del piso, tal vez esté exagerando (yo no él) pero hasta ahora este es el libro que habla sin miedo de la adicción, no la justifica ni la condena, la concibe como algo que existe en la mente y en el cuerpo, su razonamiento es biológico totalmente, físico en extremo, las celulas que son adictas a la droga siempre estarán pidiendo más, conforme la adicción avanza, las celulas toman el poder, la idea de que los yonquis se reconocen entre ellos se basa en eso, las celulas adictas reconocen las de otros, entre ellos hay algo que los une y que va más allá de la simple superficie.
El relato de su estadía en México también es directo, este país está enfermo, todos trafican con algo, pocos son los que obtienen el poder, sin más remedio Burroughs se refugia en el alcohol, ya no sabe que es peor, embriagarse para soportar el día o insistir en buscar la dosis, prueba el peyote, el tequila, sigue buscando, cuando se va de México lo hace con la intención de encontrar la mítica ayahuasca o yage, toda su mente flota con optimismo

Colocarse es ver las cosas desde un ángulo especial. Es la liberación momentánea de las exigencias de la carne temerosa, asustada, envejecida, picajosa. Tal vez encuentre en el yage lo que he estado buscando en la heroína, la hierba y la coca. Tal vez encuentre el colocón definitivo

No sé si logró encontrarlo, pero sé que algo encontró, y a su manera, en sus novelas siguientes trató de compartirlo, hay que admitirlo Burroughs no es para todos.