Wednesday, July 14, 2010


El tedio con monos*
American Splendor de Harvey Pekar, ilustradores varios
Ballantine Books, 2003

American Splendor es un cómic que se publicó desde 1976 a 1987, escrito por Harvey Pekar e ilustrado por grandes dibujantes del genero, entre ellos el brillante R. Crumb. Pekar nacido de Cleveland es de origen judío, sin embargo, es un norteamericano común y corriente, salvo una diferencia entrañable. tiene un peculiar estilo para describir el vacío estadounidense.

Pekar puede ser clasificado como el mediocre inconforme o el talentoso de espíritu plano, sus historias no tienen ningún matiz, todo lo ve con cierta lejanía y desaprensión que pareciese estar dictando datos a otra persona.  Sus relatos aunque interesantes carecen de emociones, Pekar les ha quitado toda posibilidad de decoro, refinamiento estético, no son didácticos, y hay una monotonía en sus temas que termina convirtiéndose en algo intenso y poderoso.

Su personaje, que es él mismo, vive en un suburbio, tiene un trabajo de paga regular en el gobierno (organiza archivos en un hospital), divorciado dos veces, es tacaño hasta el exceso, no bebe mucho y prefiere no salir con los amigos, visto desde cualquier ángulo es un miserable, un alienado de sus tiempos. Se mantiene fuera de todo comentario común, en el la cuestión es si vale la pena cambiar, intentar ser otro, comportarse de otra forma, la respuesta es que en su caso eso es imposible.

Al obtener cierta fama percibe que la gente sigue mirándolo igual, el se siente distinto, ha publicado artículos en la sección editorial del periódico local, tiene un cómic que publica por sus propios medios y que poco a poco ha logrado cierto prestigio, incluso una de sus historias fue publicada en el New York Times, aun así, la gente lo sigue calificando de solitario y tacaño, para Pekar eso es sólo signo de que los talentosos no la tienen fácil en este mundo, y que importan más las relaciones públicas, el tener más dinero, es más fácil que cualquier imbécil sin talento se haga rico a que un pobre talentoso se haga famoso.

Pekar es egoísta, todo sufrimiento existe cuando es propio, el dolor de los demás no importa, sufren por ignorantes, no tienen metas en la vida, no se exigen nada a ellos mismos, en su juventud Pekar fue un enfermizo coleccionista de discos de Jazz, su sueldo lo dividía en renta, comida y discos, eso era todo, después consiguió hacer reseñas para una revista de jazz, pero se harto de que sólo le mandaran reseñar basura, su esposa le reclama que es un egoísta y además un inconforme de lo peor, esto sucede un día en que Pekar sale de compras al super, la mujer le encarga café, al regresar el cartero le entrega un paquete de discos, la misma basura que ha reseñado en años.

-Hace años sufrías por que te dejaran publicar algo, ahora que lo has conseguido te la pasas quejándote, eres demasiado exigente contigo mismo, hay gente más jodida que tu y sacan provecho de lo que tienen, y tu? tu no, cada día te enfrentas con inseguridad al mundo, te preocupas por todo-

-Si ya lo sé, tengo mi salud y debería de estar feliz con eso, pero no es así como funciona conmigo, yo sé lo que quiero escribir, ya sé que tengo que disfrutar el mundo, mira es un día hermoso y yo aquí rechinando los dientes-

-y el café, se te olvido verdad, ya se que me vas a decir que no estaba en la lista de compras, por eso mismo te pedí que lo trajeras, eres un egoísta, sólo piensas en ti mismo, jamás te preocupas por los demás, sólo andas pensando en como los editores conspiran contra ti, eres tan intransigente que no eres capaz de esperar una hora mas para ir de compras, imbécil-

ok, lo siento, voy por el, ok-

La tira termina en un cuadro terrible donde las miradas son expresivas, en ella hay coraje, en Pekar cansancio, tedio, un tedio infinito.

Pekar es el hombre angustiado por que en realidad nada lo angustia, compra ropa usada, se alimenta con cereales y comida enlatada, no es feliz en su casa pero esta comodo, llega a pie a su trabajo, nunca coopera cuando en el trabajo quieren festejar a alguien, su pais le causa un emoción plana, casi inexpresiva, un estado distinto de conciencia, ni siente rechazo, ni repudio o compasión, no siente nada, se siente a el mismo, es un antinorteamericano completo. Un individuo ajeno al sentir nacional.

Pero hay reclamos, ese vacío para Pekar debe ser causado por alguien o algo externo, en otra tira se ilustra un largo monologo sobre una situación desesperada: tiene en su casa cajas llenas del ultimo numero de su comic, no haya como venderlas, las tiendas de su amigos ya tienen suficientes, así que habla al New York Times, meses antes le habian publicado una tira, asi que trata de convencer al editor de que alguien haga una reseña sobre su trabajo, todo se queda en veremos, la esposa del editor parece interesada en el trabajo de Pekar, pero no quiere arriesgarse a reseñar un cómic, la revista tiene demasiado prestigio, Pekar decide mandarle una carta grosera a esta mujer, pero un compañero de trabajo lo convence de no hacerlo

Para que, se van a reir de ti, esa carta si la leerán todos y solo atinaran a reírse, a decir que eres un mediocre rencoroso, déjalo asi-

-y si, así lo deje, ahora cada vez que alguien me hace una chingadera como esta de dejarme esperando y hacerme promesas que no van a cumplir, solo me queda hacer una cosa, hacer una tira como esta para desahogarme

Las historias de Pekar suceden en su oficina, en el parque, en el estacionamiento, a veces en su apartamento y en otras ocasiones en la calle, es raro ver algo de cinismo, salvo en una tira donde un amigo pobretón de Nueva York va a visitarlo, es una ostra, llega siempre a la hora de la cena o de la comida, Pekar le dice que es imposible que se quede con él, el amigo se queda con un familiar pero lo corren a los cinco dias, el amigo esta indignado, llama a Pekar y lo invita a comer, Pekar, que presiente las oscuras intenciones de su amigo, lo tuerce con una propuesta miserable, pero que el amigo se merece:
-Mira, pues yo ya comí, porqué no mejor me compras tres dólares de verduras y latas y me las traes a la casa, es lo mismo que si me invitaras una comida- le dice Pekar

El amigo vuelve a llamar y le pide que loacompañe al super para comprar lo que le haga falta.

Pekar va acompañado de su esposa e insiste con lo de las verduras

-oye mi amigo, mira no traigo tanto dinero, mi familiar me echó de casa, y sabes una cosa, todo el tiempo que estuve con él tuvo el refrigerador vacío, y ahora que volví por mis cosas en la tarde, ya lo tenia lleno, un miserable-

-vas a comprarme las verduras si o no?- le pregunta Pekar.

-sólo traigo un dólar, si quieres te lo doy-

-esta bien- dice Pekar

Toma el dólar y en eso llega el amigo con el que se quedara el lastre de Nueva York, se despiden y cada pareja para su casa

-vaya que costó trabajo sacarle ese dólar- dice Pekar feliz por única vez en todo el libro.

En sus historias no hay magia, nada divino, nada fantástico, todo es decepción perpetua, la condena de lo uniforme, en una ocasión le ayudan a un amigo a llevar una enorme alfombra amarilla, la alfombra esta mojada, ha llovido, apesta y fácilmente se nota que es mas grande que el piso de la sala de su amigo, pero este insiste en que podrá usarla, la dejara secando y la pondrá en su sala.

En la siguiente tira, el amigo le cuenta de una ocasión en que borracho y sin dinero aceptó el aventón de un viajero, se encuentran el cadáver de una ballena pequeña, están emocionados, así que deciden subirla al techo del auto y llevarla a casa,

-era como esa alfombra amarilla que nos hizo batallar tanto- le dice el amigo 

-y a todo esto, que paso con la alfombra, la pusiste en tu sala- le pregunta Pekar

-no, la tiré, olía a rayos, tuve que tirarla, por eso me acordé de la historia de la ballena-

Pekar no retrata al artista preocupado por la religion, la sociedad o el arte, sino al individuo que sueña con sobresalir haciendo solamente uso de un talento limitado, de una conducta prácticamente esteril, Pekar presenta por fin al artista medio de una ciudad pequeña, al artista que no se exige nada, que no quiere arriesgarse a perder la comodidad y la seguridad que le da una vida plana pero satisfactoria, el artista con bastante talento pero detenido por el miedo al vacio en el que ya vive.

Alguien como nosotros: opacos en todo nuestro esplendor.

*Esta reseña fue publicada originalmente en el 2003 en otro blog, lo hago de nuevo en memoria de Harvey Pekar, fallecido el 12 de julio de 2010

Tuesday, July 6, 2010


Con sed de adjetivos y algo más
Sed de Champán, Montero Glez
Random House Mondadori [!]De Bolsillo. 2004

El interés de leer esta novela lo tenía desde hace tiempo, primero fue por una reseña de Arturo Pérez-Reverte publicada hace años, luego por una recomendación directa de Ricardo Vigueras, a pesar de ambas, el libro estuvo como seis meses en el librero, la verdad, fue hasta el tercer intento que pude leerla, al principio, no podía pasar de la primer página; acostumbrado a la liviandad descriptiva y a la narración directa de otros escritores, la novela de Montero Glez era para mí, lo más cercano a tratar de subir un barranco:

Se trata de un hijo de la otra orilla, digamos de la parte baja del tobogán de la vida; crianza de negra cuna y linaje confuso; pellejo delator y un paso endiablado, el suyo, que repiquetea en las calles aún calientes, culpa del último sol de la tarde. A todo esto, y según su reloj de pulsera, pasan diez minutos de la medianoche. El perfil de la luna asoma ya entre dos casas y, a lo lejos, unos ladridos le informan sobre su condición de extraño. Sin embargo, llevado por esa familiar indiferencia que se gastan los solitarios, el Charolito sigue su camino por limpias aceras. Lo hace con garbo de torero suburbial y repeinado, curtido en la alta noche a punta de capote, directo a probar suerte.

Tomaba el libro siempre desde este parrafo y por más que trataba, el pobre Charolito no podía robarse el Ferrari que tranquilamente lo aguardaba en la siguiente página, mis malos habitos de lectura no podían con ese estilo espeso atiborrado de una elegancia callejera y asuntos de baja ralea, confieso que me costó trabajo abrirme paso entre esa pandilla de adverbios y adjetivos que poco a poco me fueron acomodando en el pasillo de los que ya no vuelven al buen camino, robacarros, traficantes, padrotes y padrinos, toda una mezcla de los que no se juntan con uno por la desconfianza natural adquirida por sus nocturnas costumbres.

Así, después de haber recibido santo y puñetera seña, se me ha dejado asistir al montaje abigarrado de una novela negra oscurecida por el talante barroco que más que decorar, le agrega el estorbo y el tono necesario para narrar un carnaval de triquiñuelas, desvelos y traiciones, un desfile de personajes que van de la caricatura al esperpento, todo, en una Madrid que se cae de vieja y a la que los migrantes le salen hasta por las orejas.

Con sed de champán no es una novela fácil, primero está ese estilo que Glez depuró con exceso y que dio como resultado la mezcla de arrabales argentinos, gitanos y españoles, el acento sudamericano a más no poder y, aparte de eso, la manera en que las tramas del pasado persisten como una sombra que cubre todo lo que sucede, además, el Charolito cuenta otra historia, la última andanza de Emilio Mostaza, invención de el Charolito y capricho estilístico de alta costura elaborado por Glez, es otra historia haciendo ronda en los pasillos de este hotel fantasmal donde hasta los muertos alcanzan a contar algo.

Con sed de champán, es la historia de los que nunca han dejado de huir, porque jamás han dejado la costumbre de perserguir, de perserguirse el uno al otro como lo hace la Carmelilla, que va con sus catorce años y su cuerpo de dieciocho detrás de Charolito, aun sabiendo que dicho encuentro encenderá la furia de la familia:

Con el fuego por dentro, la piel caliente sobre los billetes gastados, se revuelcan sin pudor en lo más alto de la deshecha cama. Él se hunde; con un golpe certero penetra su cuerpo recién hecho, afectuoso y horneado, inocente y culpable a la par. Ella le recibe, siente su punzada y su respiración, cada vez más rápida, más sonora.

Toda historia es simplemente una persecusión, una cacería de presas concretas, el último respiro de lo que se odia, es lo que persigue el Flaco Pimienta que le dejó la sentencia escrita a Charolito, otros buscan las monedas, otros esconderse de la muerte, todos persiguen y huyen de algo, y cuando estos motivos se cruzan con los de otros, es muy fácil que la muerte ajena se tropieze con uno y salude de pasada a otro, así de simple es el destino de los que prefieren no dormir desnudos, no tener puerta donde lo esperen y bar donde lo saluden, la novela de Glez es un laberinto de truhanes que han perdido hasta el apellido pero jamás ese retazo de corazón y hueso herido que llaman código de honor, reglas que cederán poco a poco al igual que las tablas viejas, pero que mientras duran, sirven para sostener el pasado y hasta el presente.

Con sed de champán es sólo eso, las historias de hombres y mujeres que van con el corazón clavado en los talones del otro, el ajeno, el lejano, el que huye lo más rápido que puede, Si la leyeramos en voz alta resultaría en una radionovela negra perforada por el ruido de las balas, los jadeos de los que arriesgan la espalda por un cuerpo y los que no tienen nada que perder, Montero Glez toma el barrio bajo y lo pone ante nuestros ojos con escasa ternura, las ciudades están hechas de esto, una miseria huyendo de otra miseria, no hay otra cosa, nunca la habrá.

*En esta edición viene la lista de personajes (que son bastantes) al final, les recomiendo leerla antes de iniciar la novela.