Tuesday, December 29, 2009



La triste historia del candido lector
y el escritor desalmado… y viceversa
(Primera Parte)

Como lector me gusta pensar que hay libros que no están hechos para mí, como escritor prefiero creer que hay lectores que no están hechos para mis libros, end of story?
Pues no, como lector pienso muchas cosas, los años y los daños me han convertido en alguien que busca el placer de encontrar relámpagos y espejos que los multipliquen, prefiero los libros donde encuentro mis fantasmas y no aquellos que me muestran un cádaver bastante conocido: el escritor que juega o intenta jugar con el lector, considero entonces que si alguien tiene un juguete en la mano ese es el lector, el escritor debió por obligación divertirse mientras escribía el libro, si no lo hizo, ese es su problema, no el mío.
Tambien creo que si el escritor no le da al lector algo de que asirse, el libro se le caerá de las manos, por desgracia hay lectores que se obligan a encontrar algo que no existe, estos son los que sufren decepción tras decepción, pero son incapaces de enterrar el orgullo adolescente de leer los libros hasta la última página.
Luego está el final, algunos lectores son capaces de decir que lo mejor de ese libro fue precisamente eso, el final, ante la simpleza del comentario, yo respondo igual “y porqué no lo escribió al principio”.
Sobre los escritores, tambien tengo ideas muy simples: en la pretensión está la penitencia. Hay algunos que se han propuesto escribir algo que supere el Ulises de Joyce, la tiene fácil, agreguele dos palabras o dos páginas más, si es que puede.
El lector es más práctico, si quiere leer algo que lo divierta tanto como la autobiografía de Groucho Marx (Groucho y yo) va y toma la autobiografía de Groucho Marx y no la de otra persona, si yo quiero reírme triste y mexicanamente como sólo Ibarguengoitia me hace reir, pues agarro un libro de él y ya, sólo a un imbécil se le ocurre ponerse a esperar el nuevo Cien Años de Soledad, con otro título y escrito por otro autor, chale.
Claro que considero al lector el más noble de los dos, ahí estan los que juran que no hay libro malo, que en todos hay algo, casi les doy la razón, hay libros que son tan malos que todas sus deficiencias me parece que fueron hechas a propósito, esa capacidad para reunir tantos errores sólo puede ser obra de alguien que sabe lo que está haciendo, de otra forma no se pueden explicar que los publiquen, aquí es donde entra la famosa y tan temida “intención” pero de echar a perder una historia, un montón de personajes y a los pocos lectores que todavía andan por ahí.
Cuando escribo no pienso demasiado, creo que eso se nota, cuando era joven tenía la idea de que los poemas debían ser sumergibles, pero mi pequeña idea estaba a la mitad, Cesar Silva me la completó, los submarinos absorben agua para poder hundirse, por lo tanto, uno debe absorber lectores (aunque prefiero lectoras, of course) sumergirse entonces, implica tener algo de ellos, de los otros, algo que nos permita hundirnos, desaparecer de la superficie y llegar hasta donde seamos capaces, es decir, que el hundimiento, la sumersión en sí, dependerá de qué tanto hayamos absorbido del otro en nuestra obra. Aún creo en esta idea, si es que puede llamársele de esa manera.
Y creo en ella, porque lo que leo ahora parece ocuparse de la superficie solamente, sus libros son incapaces de dejarse ir/hundir en uno, no tienen nada de mi, pero tampoco de nadie, de ningún otro, ya lo dijo Porchia “un hombre solo, es demasiado para un hombre solo” y tiene razón, un escritor que escribe de y para si mismo, muy bien puede mandar a imprimir un ejemplar y quedarse con el, o imprimir varios para los demás que escriben como él.
Que el lector de hoy es un verdadero infame que busca satisfacciones inmediatas, es probable, pero no creo que toda la culpa sea de él, las editoriales y su ejército de narcisos han hecho lo suyo, por un lado acaparando la mesa de novedades, de hecho, al crear esa mesa han destruído el afán del lector por descubrirlas él mismo. las editoriales aceleran el proceso de envejecimiento de los libros, y no dejan respirar ni al libro ni al lector, ese apetito por lo nuevo ha generado una nueva legión de lectores voraces, ávidos de mercancía desechable, librito de avión o de temporada, incluso de... válgame dios, de moda! así las cosas. Saramago decía que en esto de escribir “no había que tener prisa, pero tampoco perder el tiempo” creo que eso tambien se aplica al acto de leer. Yo cuando quiero leer algo nuevo, algo que me sorprenda, agarro siempre Gargantua y Pantagruel de Rabelais, nunca me ha decepcionado.

Wednesday, December 16, 2009



Nuevas líneas de investigación:
21 relatos sobre la impunidad
Biblioteca Era, 2003

Ay Nanita! Cuánta impunidad… literaria y editorial
Hace seis años pocos hubieran pensado que este país podría estar peor, nadie se imaginaba que el Estado zombi que intentaba perpetuar Vicente Fox, iba a ser sacudido por el estado militar, hace seis años la impunidad era un cuento de horror, ahora, ahora estamos en las mismas.
Al ver la portada de este libro esperaba encontrarme algunas sorpresas, no salí decepcionado, me sorprendió mi ingenuidad. Así en breve, les digo que este libro es un vil asalto en despoblado, no lo compré, pero bien que me despojó de algunas horas que muy bien pude haber aprovechado en hacer otra cosa.
Nuevas Líneas de Investigación práctica lo que aborrece, su contraportada es una mentira, una burla mal intencionada, para empezar no todos son relatos y no todos los autores siguieron las reglas: “ahondar en el rumor, la imaginación o las sospechas desdeñadas por la versión oficial”, sólo nueve de los veintiún relatos fueron escritos para este libro, es decir, menos de la mitad, y de esos se agradecen “El error de la memoria” de David Toscana, “Sembrado”, un brillante relato de Francisco Hinojosa quien sabe que para estos temas la farsa, no es el recurso más honesto, sino el único, “Los democráticos” de Mario Bellatín es un cuento breve pero ingeniosamente cruel, “El hombre vendado” de Juan Ríos narra al estilo de la novela negra la supuesta muerte del señor de los cielos durante una cirugía, e “Isidore” de Juan José Rodríguez, nos cuenta con precisión algo cercano al turismo criminal.
Lo demás es una selección de textos diversos que forman parte de los libros de sus respectivos autores o que han sido publicados en revistas o periódicos, la mezcla es tan exótica que lo mismo cabe un ensayo sobre el dedazo en el PRI de Carlos Monsivaís, que el comunicado del Ejercito Zapatista sobre el crimen de Acteal, ambos de bastante utilidad para fines históricos, y si de historias se trata, la de Jesus Malverde, el santo de los narcos narrada por Daniel Sada es bastante interesante y fue publicada en Letras Libres, tambien aparece Hugo Hiriart con una excelente crónica electoral, a la que por cierto no le encontré la impunidad por ningún lado, hay un fragmento del libro que Sergio González Rodríguez escribio sobre los crimenes de mujeres en Ciudad Juárez “Huesos en el desierto” , el vertiginoso relato de Federico Campbell “Tijuana bajo la niebla” tambien vale la pena y el breve texto de Sergio Pitol sacado de El arte de la fuga, curiosamente resulta ser el más oscuro de todos.
Ahora que si de impunidad literaria hablamos, “El crimen de Oventic” de Jorge Volpi es una deplorable mezcla de crónica reportaje y cuento que no dudo en bautizar como “el reporcronicruento” :
"Afirmar que las condiciones de vida en este pueblo son inhumanas supondría emplear un tibio eufemismo… "
Y esa es la primera línea, y por si eso fuera poco, es el texto más largo, 26 páginas con todos los vicios de todos los géneros con los que se puso a jugar, creo que es un trabajo ejemplar para enseñarle tanto a los escritores como a los periodistas todo lo que NO deben de hacer. Algo bueno tenía que tener.
Otra situación que me molestó en algunos textos es la obviedad con la que evitan nombrar a las personas que habitan sus relatos, creo que precisamente en eso consiste la impunidad: en evitar nombrar a los responsables, en no señalar con seguridad a los delincuentes, en esconder, ocultar las pistas, hacerse pato simplemente, y ahí es donde empiezan las dudas, ¿fue esa la regla no escrita para colaborar en ese libro?, ¿o se les dio libertad a los autores para no hacer uso de ella? ¿Será esa la razón de tan pocos relatos inéditos en el libro? ¿Si así fue, porque no le pusieron 22 relatos sobre la impunidad? El relato 22 es el que lector escribiría al terminar el libro. Si es que lo termina!

Friday, December 4, 2009



Culpable de Nada. Julio Pesina

Fondo Editorial Tierra Adentro 2008
El cuerpo: el efimero cementerio de nuestras cicatrices

Con sólo tres personajes y la relación que tienen con sus propios cuerpos, Julio Pesina ha construído una novela que al igual que un triángulo, puede leerse desde varias perspectivas y ofrecernos una figura distinta cada vez que lo hacemos, siguiendo con aquella regla de que “lo profundo debe esconderse en la superficie”, Pesina explora las manifestaciones físicas ante el deseo, la pérdida o la malformación: Aldo es un metrosexual, Ogla una mujer cuyo amante murió en un accidente de auto y Maria Gloria una enana que ha encontrado en el viejo oficio de la prostitución todo lo que anhela.
Ogla suple el vacío con un consolador metálico de última generación, Aldo no abandona su rutina de ejercicios y su admiración por Mozart, Maria Gloria sólo sabe que nació para dar amor. Los tres tratan de olvidar el pasado por sus propios medios, borrarse la culpa, enterrar el remordimiento. Aldo y María Gloria sí tienen algo en común, su pasado en el mismo pueblo, la misma escuela primaria, el mismo profesor Dix que los dejó marcados, marcas, precisamente eso es lo que menos desea Aldo en su cuerpo, sus cicatrices están en otro lado, ocultas, a la espera de que la memoria de nuevo las haga visibles, nuevamente dolorosas.
En Aldo se cumple la condena de quien rinde culto al cuerpo, la molestia que le causa la imperfección anatómica, termina acumulándose en lo emocional y de la insatisfacción pasa a la imperfección, a esa necesidad de inventarse otro cuerpo a partir de lo poco que tiene, al no poder desprenderse de él, se obliga a reconstruir la ruina en la que nació, su constancia y entrega la dedica a reparar la desvencijada barca que la naturaleza le ha dado.
En cuánto a Ogla, hay otro tipo de rechazo, ella desprecia el cuerpo ajeno, ante la gris experiencia que le dejó su amante: hombre casado que muere junto a “otra” amante, prefiere hacer uso de un artefacto y una fotografía para asegurarse de la lealtad y disposición del ahora sí, único y fiel objeto de su afectos.
De los tres María Gloria, “Mayoya” es la más consciente de lo que posee, la que menos cuerpo tiene de los tres, es la que mayor provecho le ha sacado, su limitación le es ajena, su estatura es algo que perciben los otros, no ella, la niña enana que era humillada frente a todos por el profesor Dix, la nueva alumna que defecó en el patio durante el festival escolar, ahora es una mujer que se sabe dueña de si misma, tiene poco pero le pertenece todo.
La noche y la ciudad serán entonces sitio propicio para los encuentros, Aldo y Mayoya se ven de nuevo en un antro de mala muerte, Ogla un día decide visitar al joven Aldo que vive frente a ella, Aldo siente que Mayoya puede ser todo lo que necesita, Mayoya no piensa igual, al final la lluvia y el destino hará lo único que sabe hacer, acomodar las piezas y guardar en el cajón las más pequeñas.
Culpable de Nada es una historia donde el pasado y el remordimiento van devorando el presente de sus personajes, el entorno en el que se mueven los pondrá de nuevo en la realidad innegable: todos tenemos un cuerpo que envejece, todos perdemos algo de él en cada día que transcurre, algo en él se muere a cada instante, y sin embargo, son las humillaciones que sufre el cuerpo las que se quedan como cicatrices en la profunda y extensa piel de nuestra memoria.

Thursday, December 3, 2009


En el Cielo con Diamantes. Senel Paz
Ed. Bruguera…2007
Las hormonas de la Revolución

La primera vez que ví el nombre de Senel Paz, fue durante la proyección de la cinta cubana “Fresa y Chocolate”, dirigida por Tomás Gutierrez Alea en 1994 y cuyo guíon esta basado en el cuento “El lobo, el bosque y el hombre nuevo” con el que este autor cubano obtuvo el premio internacional de cuento Juan Rulfo en 1990.
Quien no haya visto la película o leído el cuento, le recomiendo que lo haga, la historia de David y Diego es sobre esas amistades todo terreno que cada vez escasean más entre los jóvenes. Aparte, En el cielo con diamantes es la historia de David antes de conocer a Diego.
Contada con un estilo que sólo atino a calificar de trópical, esta novela narra los primeros años de la revolución cubana a traves de los ojos de dos adolescentes, David, el niño melancólico y Arnaldo, un recipiente lleno de hormonas a punto de estallar. Los dos son de Las Villas, un pequeño pueblo de Cuba al que poco a poco le van llegando los avances de la revolución.
Senel Paz hace una serie de montajes precisos: la familia de David la conforman dos hermanas, su madre soltera y su abuela, cuatro mujeres que sólo tienen algo en común, y eso es la esperanza de que David se convierta en un hombre de provecho, la abuela es una ferviente católica, las hermanas son parte de la juventud, revolucionaria y su madre a decir de todos los hombres del pueblo, está que se cae de buena, lástima que tenga por madre a esa vieja urraca.
Por el otro lado, la familia de Arnaldo es otro tipo de circo, su padre es el amante de la hermana de su propia esposa, es decir la tia de Arnaldo, y este a su vez termina siendo el amante de su tía, la tarde en que su padre los descubre, este comienza a enfermar y muere después de un tiempo.
Los dos obtienen una beca para estudiar en La Habana, gracias a los triunfos de la revolución los hijos de los campesinos pueden seguir estudiando, a David los vecinos lo despiden en la estación del tren y hasta le dan algo de dinero, Arnaldo va por su lado, pero con la intención de mantener esa amistad para siempre.
Si no es por el humor que desborda en casi todas sus páginas, esta novela sería una aburrida historia de engaños y esperanzas, o una simple disneylización del pasado como decía José Emilio Pacheco al referirse a la nostalgia, sin embargo, la formula de Senel Paz al principio resulta efectiva, quienes narran son David y Arnaldo, cada capítulo se van alternando la historia de David, porque esta es la historia de David confiesa Arnaldo desde el principio.
Así, lo que en David es una reflexión ingenua, en Arnaldo es trópico puro, mientras David espera el primer amor, Arnaldo ya ha cargado hasta con las chivas del pueblo, mientras David sigue con sus ojos pegados a los libros, Arnaldo no aleja sus manos de las muchachas, mientras David lee los libros que la maestra de literatura y la revolución le permiten, Arnaldo y los otros leen en secreto el capítulo erótico de Paradiso, la novela de José Lezama Lima, así cada quien por su lado van acercando a David con esa mujer con la que debe perder su virginidad.
Por que también, esta es la historia de la virginidad de David, un día al joven Arnaldo se le aparece la Vírgen de la Caridad y le dice que debe ayudar a su amigo, pues si este no pierde su virginidad antes de los 17 años el pobre morirá de melancolía, por esta razón insiste en sus esfuerzos por sacar a David del internado los fines de semana pero sin éxito.
Por desgracia la formula se agota pronto, David sueña con ser escritor, sueña con ser alguien distinto en cuanto sus pies toquen el suelo habanero, y no deja de soñar, su imaginación vuela y vuela y las páginas pasan y pasan y no pasa nada, Arnaldo a pesar de ser más divertido y dinámico en sus narraciones, tambien da muchos rodeos, Senel Paz lo justifica insistiendo en que Arnaldo no es un escritor, y por lo tanto, no tiene la habilidad para hilar las historias de manera ordenada, total que los dos no dan para más, bueno los tres: Senel, Arnaldo y David y la novela comienza a despeñarse en la página 200 (es de 424) sólo aquel lector que le interese ver Cuba desde los ojos de un cubano podrá insistir en terminar con la novela.
Senel Paz se queda a la mitad de muchas cosas, entre la crónica de esos días llenos de esperanza, y la historia de un primer amor sin gracia, entre que nos invita a pasear por una joven Habana llena de internos con los penes duros, dispuestos a levantarse cualquier jeba que se les atraviese, igual nos obliga a quedarnos con el aburrido de David, con sus libros y las cuatro paredes de su habitación en el internado. Mientras Arnaldo y compañía escuchan por primera vez el Sargent Pepper de Los Beatles encerrados y en secreto, David piensa en su padre que sólo ha visto una vez,y casi al final aparece Vivian y la noche prometida, la esperada por todos, y después nada, si se animan a leerla, olvidénse de David desde el principio, todas las historias que lo rodean son mejores, incluso la manera en que terminan.
Porque al final de la historia de David, Senel Paz decide hacerse un autohomenaje bastante incomodo, la novela termina exactamente donde el cuento “El lobo, el bosque y el hombre nuevo” comienza: Mientras David come un helado en el Coppelia, un marica se le acerca con la intención de sacarle plática. Coño!
Tal vez como alegoría de la revolución cubana pueda funcionar: En el cielo con diamantes es una novela muy larga que termina donde inicia un cuento que algunos ya conocemos.

Wednesday, November 25, 2009


La presa. Kenzaburo Oé
Anagrama. 1994
Retrato de infancia con guerra al fondo

Hubo un tiempo en que la crueldad y la violencia sólo existían en la distancia, llegaban a los oídos de los niños en forma de historias asombrosas, las batallas y los enfrentamientos habitaban la imaginación de los infantes y si acaso tenían una señal visible de la guerra, esta era la suspensión de clases, el verano perpetuo, las vacaciones sin fin. Hubo entonces lugares donde la guerra jamás sucedió, sitios donde la sangre no ensució las ropas ni las tierras de nadie, la pequeña aldea donde sucede la breve pero inmensa novela de Kenzaburo Oé, tristemente, no es uno de ellos.
La tensa tranquilidad de una aldea de cazadores se ve perturbada por la caída de un avión enemigo, de dicho accidente sólo hay un sobreviviente, un negro que será hecho prisionero y que por dicha condición es encerrado en el almacén de la casa donde vive su personaje principal, un niño sin edad precisa que nos narra esta historia.

Pero de repente el soldado estiró el brazo –un brazo increiblemente largo-, alzó entre sus gruesos dedos, cuyas falanges estaban erizadas de pelos, la botella de ancho gollete, se la acercó y la olió. Después la inclinó, abrió sus labios como de caucho, descubrió dos perfectas hileras de dientes fuertes y deslumbrantes, cada uno en su sitio exacto igual que las piezas de una máquina, y vi como la leche caía en las profundidades rosadas y relucientes de su amplía garganta. La nuez del negro cloqueaba como un desagüe cuando chocan en él el agua y el aire. Por las dos comisuras de la boca, que daba la penosa sensación de ser una fruta demasiado madura estrangulada por un cordel, la leche grasienta se desbordaba, bajaba a lo largo del cuello, mojaba la camisa abierta, caía por el pecho y se inmovilizaba en la piel pegajosa con reflejos oscuros en forma de gotas viscosas como la resina que temblequeaban. Descubrí, en medio de la emoción que me resecaba los labios, que la leche de cabra era un líquido extraordinariamente hermoso.

Antes de eso la guerra sólo había sacudido las rutinas del verano, ante la imposibilidad de llegar a la ciudad, ahora la aldea tiene su propio crematorio, los niños pasan más tiempo en la playa, observan el ir y venir de los adultos, y se adaptan al ritmo de los días sin escuela y sin obligaciones, todo está bien hasta que sucede el accidente, la aldea no volverá a ser la misma para nadie después de eso, el negro, la presa, lo cambiará todo, absolutamente todo.

Ya no formaba parte de la comunidad infantil: ésta era la idea, surgida como una revelación, que ahora me invadía. Las sangrientas batallas con Morro de Liebre, la caza de pajaritos en las noches de luna, los descensos en trineo, los cachorros salvajes, todo eso era bueno para los niños. Pero esa clase de relaciones con el mundo ya no tenía nada que ver conmigo.

La narrativa de Oé es sensual en todos los aspectos, habla de texturas, calores, humedades, aromas, sabores, reacciones epidérmicas, sus descripciones son tan coloridas y llenas de una extraña calidez, que en ellas no sólo encontramos una ennumeración de datos esenciales para visualizar los sitios y las condiciones de la aldea, es a travez de estas minuciosas observaciones llenas de vida que entendemos la diferencia que provoca la llegada de este extraño, lo ajeno que es a este sitio, y como poco a poco, cuando todos creen que no es peligroso, el negro se va adhiriendo al paisaje, como los habitos del encierro lo van volviendo parte de lo que antes lo rechazaba, y en forma de agradecimiento repara algunas herramientas y artefactos de los aldeanos, empezando por la trampa para jabalíes con que lo mantienen quieto, ese es el gesto adecuado para demostrar que no quiere huir.
Sin embargo, la misma presa sabe que no lo puede ser por siempre, por eso cuando sospecha que la situación, su situación, está por cambiar, no tiene otra opción que volver a ser el enemigo, hace rehén al niño que nos narra esta historia y el desenlace con muerte y víctima es inevitable.

-Cuando una guerra llega a ese punto, es el colmo – dijo Chupatintas- ¡Mira que aplastar los dedos de un niño…!-
No contesté nada y sentí que me faltaba la respiración. Era muy probable que la guerra, aquella interminable y sangrienta batalla de gigantescas dimensiones, aquella especie de maremoto que, en unos países lejanos, se llevaba los rebaños de corderos y arrasaba la hierba recién segada, siguiera prolongándose. Pero ¿quién hubiera imaginado jamás que aquella guerra tuviera que llegar hasta nuestras aldea? Sin embargo, lo había hecho, para destrozar mi mano y mis dedos, para emborrachar a mi padre y llevarlo a blandir su podadera. Así, de golpe nuestra aldea se veía envuelta en la guerra; y yo, en medio de aquel tumulto, ya no podía respirar.

Si cuando fue hecho rehén el personaje de Oé, se sintió traicionado, luego cuando se descubre convertido en “presa” tambien, escucha que algo ya había comenzado a romperse, a crujir desde las profundidades de la circunstancia, los tambores de la guerra se estaba acercando y por fin retumbaron en su pequeño cuerpo.
Muere entonces la infancia de nuestro personaje, pero ambos, la presa y el niño son arrancados de sus paraísos por culpa del miedo y el odio que siempre surgen imbatibles cuando la vida está en peligro.
Ahí terminas sólos, el cádaver y el niño herido, mientras los demás juegan, él percibe el pesado olor de la muerte y en su mano los rastros de la furia. Los tambores siguen sonando en su cabeza.

Friday, November 20, 2009




Los Discos del Ataúd

Out of Time. REM
Warner Music, 1991
Si alguien me hubiera preguntado aquel verano del 91 sobre el cuarteto de Atenas, Georgia, yo hubiera respondido con mi soberbia ignorancia que Atenas está en Grecia y que la música griega por el momento no estaba en mis planes, en esos días mis dedos le daban la vuelta una y otra vez al cassette Mujeres de Silvio Rodríguez y cursaba el quinto semestre de la preparatoria.
Y se le hubieran preguntado por REM a mi amistosa sombra Raúl Quezada, el habría hablado largo y tendido sobre la etapa alfa del sueño en los humanos y el característico movimiento ocular que aparece casi a punto de despertar.
Pero uno de los tantos sábados que yo pasaba frente al televisor sucedió lo inesperado, aparece un tipo corriendo, un jarrón con agua se estrella en el suelo y comienza una música sencilla, luego aparece un tipo flaco demostrándonos sus naturales deficiencias para el baile y cantando que ha perdido su religión, todo esto acompañado de imágenes muy extrañas, un ángel anciano que cae del cielo, unas muchachas con ropas orientales y un San Sebastián sin flechas en el cuerpo pero atado en un árbol, esperándolas.
El lunes los precoces Monjes Morados no hablamos de otra cosa “ ¿vieron este video raro de un grupo que se llama REM? Todos coincidimos en la respuesta. Mi tocayo “el Soju” en ese momento se impuso una sola misión en su vida, conseguir ese disco y en menos de una semana lo hizo, no sólo eso, tambien compró un VHS con todos los videos y para nosotros la música ya no fue lo mismo, estabamos inmersos en el universo visual de Michael Stipe y compañía. Para mí el video de “Low” fue algo impresionante, un pintura que se mueve con lentitud a lo largo de una canción lenta y tristísima, y de las canciones “Country Feedback” sigue siendo mi favorita, el disco en sí, es como un álbum de fotografías de tu vida hasta el fin de la juventud, canciones que contienen todo lo que ya fue: el amor, los adioses, las oportunidades y el imperceptible milagros de haber salido vivo de ahí, de esos lugares y de esos momentos. Canciones que nombraban un futuro que para nosotros era aún lejano pero al igual que la advertencia de los espejos retrovisores, estaba más cerca de lo que pensábamos.
A esa caja extraña llena de objetos tambien extraños le pusieron Out of Time, según dijeron alguna vez, el título se los dio una secretaria de la compañía disquera, le habían dicho que el disco trataba de “pérdida, amor y melancolía”, tal vez en eso días para nosotros se trataba de todo lo contrario, encuentros, desamor y apego al presente, hoy que lo escucho, 18 años después, creo que tenían razón.
Al poner ese disco aparece de inmediato esa parte del jardín que habitamos casi un año en la preparatoria Hermanos Escobar,aunque para nosotros los verdaderos hermanos de la prepa eran los Nava, Pilar y Eleazar una especie de siameses mágicos y poderosos, Soju era un terrible infante con la mirada puesta en la eternidad, y el querido Juancho Remix un joven de DJ que aterrizó como un meteoro desde Ensenada, de vez en cuando nos traía una de sus mezclas caseras que él mismo había confeccionado con Depeche Mode, The Cure y Morrisey, compartíamos los cigarros y las mañanas, conversabamos de nada y planeabamos cualquier cosa con tal de extender el día hasta donde nos fuera posible, nos unía el rechazo a las formas y las costumbres, nos considerabamos únicos en una preparatoria donde la individualidad no sólo era permitida sino promovida a cada instante, eramos otro grupo nada más, pero eramos el grupo que traía una grabadora (la de Sojú) con reproductor de CD, no habitabamos los salones de clase salvo lo necesario, nos gustaba la calle, los espacios abiertos, el no tener horarios, lo nuestro era el andar tomando fotografías, dibujando o tratando de aprendernos una canción de Caifanes en la guitarra, eramos un quinteto de solitarios sin remedio buscando alguna manera de asir el tiempo. Y ese año, ese disco de REM creo, nos facilitó un poco el trabajo.

Thursday, November 12, 2009



El Tesoro de la Sombra. Alejandro Jodorowsky

Siruela/De Bolsillo. 2007
El retorno al origen (y las intenciones) del cuento
Mi primer acercamiento a la obra de Alejandro Jodorowsky fue desastroso, el profesor de historia del arte nos presentó “La montaña mágica” como una obra maestra y para mi no fue otra cosa que una misa extraña de una religión desconocida con duración de tres horas y que por fortuna no tenía la obligación de verla en su totalidad, así que me salí a los treinta minutos, cuando comienzan a explotar los sapos.
Años después adquirí la “Antología Pánica” que publicó Joaquín Mortiz y que en un principio me pareció infumable, el ego de Jodorowsky en esos tiempos estaba más allá del cielo y sólo acudía a él cuando necesitaba algo que me sacara de quicio.
Poco a poco y ante la necesidad de encontrar una creencia religiosa menos pasiva y que no consistiera en un Dios que habita los cielos rascándose su panza infinita por los siglos de los siglos (imagino que cuando termine de rascarcela se acabará el mundo), volví entonces con más calma a Jodorowsky y a su mezcla de doctrinas orientales, las cuales siempre me han parecido más propositivas que las religiónes de origen cristiano.
Y si en algo destacan este conjunto de creencias es en la importancia del aprendizaje y la reflexión, desde hace miles de años los orientales encontraron en la fábula un método de enseñanza preciso que requiere atención y razonamiento, las cuales no son muy comunes en el ser humano, por lo tanto, estaban obligados a que las historias fueran atractivas y breves, como una explosión o una descarga eléctrica, si algo me ha gustado siempre de estas brevisimas narraciones, es que al contrario de la fábula europea que se vio en la necesidad de no ofender a nadie y usar animales para lograr sus propósitos didácticos, en oriente a todas las cosas se les llama por su nombre, lo cual considero es el principio universal de la honestidad, nombrar las cosas es adueñarse de ellas pero tambien es entenderlas, verlas como son. Asi que en estas historias los viejos son viejos, el panadero hace pan y el monje perezoso es un monje perezoso.
El tesoro de la sombra es la reunión de dos libros y casi doscientas historias breves, la mayoría brevisimas y no todas son de carácter didáctico, no en apariencia, pero la mayoría de ellas invitan a la reflexión y van más allá del simple acto de contar una historia.
La mayoría son fábulas conocidas, algunas son retomadas con ligeros cambios y otras sí son creación de Jodorowsky, esto se nota porque son las más extremas: madres que devoran a sus hijos, gente que se queda sin piel, escenarios apocalípticos, historias de muerte y destrucción, y tambien son un poco extensas en comparación con las demás, aparte en ellas se nota la mezcla de varías doctrinas, deidades y creencias, pero sobre todo su peculiar sentido del humor:

Santa Madre de Dios, cúrame a este niño. Anda siempre por el aire, nunca quiere tocar tierra. Flota en la casa como un globo, lo que es molesto para las visitas porque en cualquier momento puede orinarles el sombrero o mancharles la ropa con algo peor. Hace milagros idiotas: multiplica las arañas y las ratas. Además huele a rayos porque es imposible bañarlo: no quiere entrar en el agua e insiste en quedarse de pie sobre su superficie. Ayer volvió a la vida a un pollo asado. Sin plumas ni cabeza, ahora anda por ahí tropezando entre los muebles, perseguido por los gatos. ¡Hazlo normal, Virgen adorada, para que ya no le devuelva la vista a tanto hombre lúbrico! Esos que fueron ciegos pegan sus nuevos ojos saltones a los vidrios de mi ventana, dándose placeres manuales cuando en la noche me quito las enaguas. También al quejarnos de la sequía, nos hizo llover sobre las salinas. Y lo que es peor, Madre Inmaculada, durante la comunión convirtio las hostias en chorizos paara que alimentaran a los patipelados. ¡Por favor cúralo, Virvencita buena, limpiámelo del virus de la santidad!

El Tesoro de la sombra es un libro para los que disfrutan las historias cortas, pero tambien para quienes prefieren reflexionar sobre los actos ahí narrados, para quienes están aburridos de escuchar los mismos consejos baratos de autosuperación, aquí pueden encontrar el verdadero origen y razón de lo que ahora se ha convertido en vil patrañas en manos de charlatantes o para decirlo de otra forma, este libro es para los que prefieren comer un pescado entero en vez de uno enlatado, si lo que les urge es la novedad, despierten, tal cosa no existe. Pero si lo que quieren es tener algo de valor bajo la sombra de su cráneo, este libro puede ser un buen principio, un comienzo.


Friday, November 6, 2009




Distrito 9. Dir. Neill Blomkamp
TriStar Pictures, 2009
Postales desde el No Futuro

En menos de diez minutos esta cinta logró algo peculiar, despertar en mi la empatía por una situación de ficción donde el extraterrestre es rechazado por todos, desde ese momento sabemos que será desplazado a vivir en otro sitio peor al que se le tiene confinado ahora, según el vertiginoso prologo mezcla de documental, reportaje y grabación gubernamental, esto es lo más humanitario posible que pueden hacer por estos “crustaceos” caidos del cielo, pues los mismos habitantes de Johannesburgo en Sudáfrica estan hastiados de la presencia de estos extraterestres inferiores.
Dicha empatía no me habría surgido si el trato que reciben estos “extranjeros” en “desgracia” no fuera similar al que algunos “sectores” de la humanidad sufren en nuestros días, los Palestinos por dar un ejemplo, y las expresiones de rechazo de los habitantes que tiene que vivir con estas despreciables criaturas, tambien se parecen un poco a las que se hacen en ciertos paises, Estados Unidos por nombrar alguno, contra su invencible plaga invasora: los mexicanos.
Para fortuna de todos y desgracia mía, esta cinta no va por ahí, sino por algo peor y que termina mal: El joven Wikus es un burocrata que recibe un gran favor de su suegro, un ascenso en la MNU (una corporación multinacional), en el departamento de Asunto Extraterrestres, Wikus queda al mando del operativo de reubicación de la colonia alienigena, tiene que ir a tocar puerta por puerta, notificarle al habitante en turno que será reubicado y obtener su firma de enterado, en dicho operativo un exceso de confianza le cambiará la vida, y el cuerpo. ¿así está bien? ¿o más Kafka?
Bueno, de Kafka ya es suficiente, agreguemos entonces la noción de que el hombre jamás ha abandonado su estado larvario: las armas extraterrestres no funcionan en manos humanas, pero Wikus ya no es humano “completamente” y tal vez… porque mejor no hacer algunas pruebas al respecto, y ya casi todo está dicho: el pobre burocráta se convierte en la criatura más preciada de la corporación, por desgracia los científicos opinan que muerto y en pedazitos facilitaría mejor la investigación.
Lo que sigue es la catastrofe total, uno recuerda entonces que Neil Blomkamp fue contratado inicialmente para hacer la película de Halo, (el videojuego) y no un drama inter-espa-racial lleno de señalamientos al triste estado de las cosas, así que la cinta se olvida de todo lo anterior y vuelve a su origen. Distrito 9 se transforma en una simple pero efectiva película de acción, ya con las armas activadas cualquier fan del videojuego estará de lo más contento, mientras los amantes de la ciencia ficción tendremos que ubicarnos en la realidad, estamos viendo una película con una propuesta interesante pero con objetivos comunes: reventar la taquilla y nada más.
Es bastante probable que se realice una segunda parte, y al igual que Matrix hace una década, ésta será la cinta de la que se hable por un buen rato, salvo que mientras la cinta de los Wachowski nos obligó a replantearnos la realidad como un imposible, ahora Blomkamp nos muestra la triste realidad en que se ha estacionado el ser humano y luego nos ayuda a evadirla con fuegos pirotécnicos. Aún así, vale la pena.
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Monday, November 2, 2009


Contrabando de sombras. Antonio José Ponte
Mondadori, 2002
Pero Coño! Para qué tanto símbolo Chico!

Esta novela contiene casi todos los ingredientes que un lector excéntrico puede pedir: una isla como escenario, un cementerio, un fotografo extranjero, relaciones homosexuales, perros que ven fantasmas, un fantasma del pasado, saqueadores de tumbas, un vidente, un viaje a la adolescencia en un internado y un sueño donde se recrea la muerte a fuego de los “amujerados” en Cayo Puto.
Como es de esperarse, el resultado me indigestó un poco y al final no supe si el conflicto se resuelve o no (cuál conflicto?), si la novela me fue grata o sólo fue la curiosidad lo que me llevó hasta el final, en otras palabras, la novela promete demasiado y cumple con la mitad, es interesante, tiene sus momentos de intensidad, pero tambien tiene un exceso de personajes y eventos que considero innecesarios y unas alegorías que terminan por confundir y mezclar significados.
Al principio Renán le cuenta a Vladimir que el cementerio es el lugar “imposible” para coger, pero él ya ha cogido en ellos, y que no puede pasar frente a un cementerio sin tener una erección. Dicho esto, varios parrafos después Renán muere atropellado en la carretera.
Vladimir es un escritor contratado por medio de Lula, su amiga abogada, para realizar algunos textos para un fotográfo extranjero que va a casarse con una “mulatica” para sacarla de el país y que realizó algunas fotografias en el cementerio que esta frente a la casa de Susan, una amiga de Vladimir y Renán el muerto, ahí, mientras visita el lugar junto al fotográfo descubre a un joven con una mirada conocida: la de Miranda, su primer amante que murió en extrañas circunstancias en el internado donde transcurrió su adolescencia.
César, el muchacho con la mirada de Miranda, es parte de un grupo de gente que ocasionalmente duerme en el cementerio, aparte de la mirada ajena, tambien tiene los zapatos de otro, los mocasines con que fue enterrado Renán, todas estas situaciones Vladimir las interpreta como señales del más allá, vuelve al pasado y trata de resolver el asunto de Miranda: porqué no tuvo el valor de proteger a Miranda cuando decidieron expulsarlo del internado y qué pasó realmente esa tarde en que su entrenador de natación le sugirió pasar más tiempo en la piscina y que fue la misma tarde en que murió Miranda.
Luego Vladimir se relaciona con César, descubre a la pandilla de saqueadores de tumbas, conversa con Susan sobre todo y nada, en su apartamento alguien destruye sus libros mientras el está ausente y deja escrito en el muro la palabra “maricón”, igual que en el internado, para Vladimir esto sólo puede ser obra de un fantasma o de alguien que viene del pasado.
César le cuenta su vida: su padre quería salir de la isla pero las autoridades no se lo permitieron, y los vecinos un día deciden darles un escarmiento a toda la familia, el padre los defiende y en el acto hiere a una chica en la pierna con una cubeta metálica llena de orina, el padre es enjuiciado, dura un tiempo en la cárcel y al salir se suicida, la chica lastimada resulta ser Lula, la abogada amiga de Vladimir, otro mensaje cifrado del tiempo (según él).
Luego Vladimir es arrestado y ahí conoce a “Criatura” un hombre de mirada blanca, capaz de ver los sueños de los que duermen a su lado, aquí Vladimir sueña esta balsa que lleva una jaula llena de hombres a los que otros les lanzan brea hirviendo y plumas, y a los que les prenderán fuego apenas desembarquen en Cayo Puto.
Luego en el cementerio "Criatura" le dice a Vladimir que Renán va en esa barca, el final de la novela es Vladimir despertando una mañana con la convicción de volver ese día al cementerio. De ahí en más no pasó nada, y no es que yo quiera que pasen más cosas, sino que ese elaborado montaje de coincidencias y personajes deje algo en claro, todo queda sugerido y ese es su mayor problema, ninguna de todas las preguntas que se hace uno como lector obtiene respuesta: qué pasó con Miranda, con los maricones quemados, qué diablos hace la “mulatica” que se casa por interés con el fotografo, para mi sólo es un personaje accesorio que le estorba a la historia, y Criatura, qué es en realidad.
Antonio José Ponte me deja con un montón de dudas y ni una sola certeza, tal vez algunos piensen que esa es una virtud, pero en este caso, no creo que esa haya sido la intención, con tal exceso de elementos y símbolos de los cuales ninguno sobresale, ni es constante, no me queda claro cual era la intención de toda la novela, tal vez abarcarlo todo y no decir nada. O tal vez decir algo esencial que se confundiera con todo el ruido que le pone alrededor. Yo elijo esto último, pero todavía no lo encuentro.
U_U


Friday, October 30, 2009



Una desolación. Yasmine Reza

Anagrama, 2000
Mirando en el espejo las ruinas del tiempo
Envejecer no es un arte, tampoco una opción, mucho menos un oficio, ni se elige ni se aprende, sucede y nada más. Con el tiempo la enfermedad será sólo uno acumulación de errores y descuidos, y la soledad, un acto logrado por el azar y la fortuna, mientras esto pasa, es probable que los otros vayan cayendo uno a uno, y nosotros seremos testigos de nuestro propio abatamiento, hasta que llegue nuestro turno.
Samuel, el personaje de la novela breve de Yasmine Reza, es un judío francés, un viejo insatisfecho e inconforme, algo del presente lo mantiene furioso y no deja un solo instante de su vida sin enfrentarse a los nuevos tiempos, las nuevas ideas y lo peor de todo a la concepción actual de la felicidad, para Samuel eso no existe, no es real, es una mentira extendida a lo largo de toda la historia humana, algo para los que sueñan, y hasta ahí está bien, pero la felicidad no es para los que viven despiertos, para ellos, los que son como él no hay otra cosa que la insatisfacción, y de todas las personas felices que lo rodean, el que más le duele que haya caído en la trampa de los ilusos, es su propio hijo.
Una desolación es una largo monologo dirigido al hijo ausente, al “feliz” de la familia, al que viaja y recibe el sol de las playas, en que aparece de vez en cuando, el reclamo constante es “qué hace” de su vida, en que consiste ese “estar buscando su lugar” no lo entiende, ni quiere hacerlo, para Samuel tal cosa no existe, en ningún lugar el hombre puede estar en paz, ni siquiera consigo mismo, menos con todo ese pasado tras de si.
Su segunda esposa se dedica a todas esas causas nobles que se inventa la gente para salvar al mundo y ha decidido dejar de salvarlo a él, su otra hija está casada con un farmacéutico (nada más apropiado para su extreñimiento crónico y los medicamentos infames) todo su tiempo lo pasa en su jardín mientras ve a su vecino, otro como él pero más extremo, alguien que ha decidido anclarse tras la ventana sin intenciones de nada.
En toda la novela se lee una amargura densa e inpenetrable, es díficil entender la naturaleza de ese reclamo, esa angustia que le causa la supuesta pasividad del hijo y uno sospecha que todo va por el lado de no reproducirse, quien no lo hace, no se arriesga, quien no se atreve a quedarse en un sitio a críar a un hijo no quiere probarse nada, quien no siembra, y aquí entra la constante alegoría del jardín, jamás tendrá que preocuparse de nada.
En una parte de la novela Samuel va al cementerio a limpiar la tumba de su padre, habla con él mientras talla la fría lapida, observa los guijarros dejados sobre la tumba y le pregunta a su fantasma si está contento, la respuesta es afirmativa, y entonces vuelve la angustia, ¿quién lavara la tumba de su hijo?
Al final se encuentra con una vieja amiga Genevieve, amante de un amigo en común, cenan juntos y es en esa parte donde Samuel aparece como lo que es, un pobre viejo que no puede entender el mundo, jamás lo ha entendido, esta rueda de roca y musgo es un sitio infame y le parece incocebible que la gente busque la felicidad, que se ponga como meta única encontrar un estado de gracia perpetuo, Samuel insiste en que lo único real es este instante, y este instante no tiene gracia alguna, la fascinación es efimera y la memoria es lo único que nos queda ante tal desgracia, este dolor que carga es un largo arrepentimiento por no haber disfrutado las cosas, se dedicó a ser consciente de que todo tiene un final, y eso, si no sabemos entenderlo siempre amarga los actos desde el principio, Samuel ve hacía el pasado y descubre que ha hecho las cosas mal, pero en su situación ya no tiene sentido pensar mucho en el asunto, ¿arrepentirse? para qué, eso no cambia las cosas, uno va a morir y eso es todo.

M M
M


Tuesday, October 20, 2009


El capitán salió a comer y los marineros
tomaron el barco. Charles Bukowski
Anagrama, 2000
Autoretrato del artista indecente a sus 71 años


He aquí el primer libro de Bukowski que despertó mi interés por sus últimos libros de poesía, publicado cuatro años después de su muerte, este diario donde registra (tal vez sin saberlo) sus últimos años de vida, son lo más cercano que podemos estar de la sinceridad casi innasible del viejo Charles, en él, evita los consejos y prefiere decir que más vale que no lo estés escuchando
"Un escritor no se debe más que a su escritura. No le debe nada al lector excepto la disponibilidad de la página impresa. El mejor lector y el mejor humano son los que me recompensan con su ausencia."
En el diario somos lectores de su hastío, la vida que en esos días le es favorable, sigue siendo algo sin nada de atractivo, el tedio esa soga que sostiene la rutina, sea cual sea, siempre está del otro lado de la puerta y cada hombre tarde que temprano saldrá a buscarla
Supongo que siempre hay algo ahí afuera con lo que queremos torturarnos
Regresando de “eso” el hipodromo en su caso, Bukowski sabe que lo único que tiene es a sí mismo (lo cual no es mucho), sus gatos, sus botellas de vino, y las ganas de escribir, las simples y putas ganas de hacerlo de nuevo mientras pueda
Cualquier cosa que diga suena bien porque apuesto cuando escribo
Eso es lo único que lo hace vibrar, sentirse vivo, distinto a los demás, sabe que ya está en las últimas, y que cada página escrita es una hoja arrancada de los cuadernos de la muerte, por esos días reflexiona sobre los años que le ha robado a la dama de hueso y descubre que es ella la que se ha burlado de él, a pesar de ello, él insiste en sentirse inmortal
Cuando escribo vuelo, enciendo fuegos. Cuando escribo saco a la muerte de mi bolsillo izquierdo, la lanzo contra la pared y la agarro cuando rebota.
Eso cuando anda de buenas, cuando el día ha sido malo en los caballos y la carretera una mierda, algo ronda en la habitación de Bukowski y no son precisamente sus ocho gatos, tal vez en una de esas la muerte no cayó dentro de su mano
Hay noches en las que este cuarto es el único sitio en el que quiero estar. Y sin embargo, subo aquí y me siento como una cáscara vacía.
A pesar de la edad Bukowski no pierde su carácter revoltoso y sigue siendo un bravucón de cantina pero ahora en la quietud de su casa, ahora es ajeno al dolor, sigue habitado por la desesperación perpetua y el asombro ante los hombres que ya no se asombran de nada. Sigue peleando a la sombra, sigue escupiendo a la pared
Pero hay otra cosa, y es que nunca tengo un maldito libro que leer. Cuando has leído una cierta cantidad de literatura decente, simplemente no hay más. Tenemos que escribirla nosotros mismos. No queda jugo en el aire.
Para Bukowski, la frase “Ama a tu prójimo” sólo podía significar una cosa “déjalo en paz”, al final de sus días el propio Charles se reconoce un animal solitario, ajeno a todo, fuera de lugar, un verdadero extranjero del mundo, no se encuentra bien ni siquiera en el hipódromo, el descubrir que en todo este tiempo él no ha dejado de ser eso, el chico que se baja de la banqueta para no ver la cara de los demás, lo deja a la deriva del mundo
Yo no soy buena compañía; hablar no me sirve para nada. No quiero intercambiar ideas, ni almas. Soy un bloque de piedra que se basta a sí mismo. Quiero quedarme dentro de ese bloque sin que nadie me moleste.
Recuerda las notas de rechazo de las revistas y editoriales, recuerda sus noches inventadas en callejones fríos y llenos de ratas, recuerda esas habitaciones inmundas que él mismo buscó con tal de no gastar demasiado en cuestiones sin importancia, y repite en insiste en lo único que sabe
Nada impedirá a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impida a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará.
Sabe de lo que habla, él cree en eso, todas sus monedas las ha puesto en su maquina de escribir (en esos días usa una Mac) y se ha montado en ella con la intención de llegar completo al final de la carrera, no le interesa ganar, sólo llegar entero, cruzar la línea y nada más
No hay derrota posible en la escritura; hará que rían los dedos de tus pies mientras duermes; te hará dar zancadas de tigre; te encenderá los ojos y te pondrá cara a cara con la muerte. Morirás como un luchador, serás honrado en el infierno.
Esos relámpagos, esas visiones con infierno y todo no dejan de ser idílicas en la visión de Bukowski, después de esos desplantes llenos de vigor, arremete contra toda su generación y los que vienen
Sin embargo, cuando empiezo a dudar de mi capacidad para trabajar con la palabra, simplemente leo a otro escritor y entonces sé que no tengo motivos para preocuparme. No compito más que contra mí mismo.
Se sabe viejo pero poderoso, se escucha cansado pero es el único que sigue diciendo lo mismo, sigue firme en sus ideas, en su concepción del acto de escribir.
Nunca hay que empujar, nunca hay que forzar las palabras. Demonios, esto no es un concurso, y desde luego hay muy poca competencia. Muy Poca.
El capitan salió a comer… es un libro intenso, este bellamente ilustrado por el maestro Robert Crumb y es como asomarse a los gestos de un moribundo que se aferra a seguir peleando hasta el final, sin ceder un paso, sin arrepentirse de nada, con los puños en alto y los ojos puestos en los de la muerte, lo demás y los demás ya no le importan.
Recuerdo una larga e iracunda carta que recibí un día de un hombre que me decía que no tenía derecho a decir que no me gustaba Shakespeare… No tenía derecho a adoptar esa postura. Seguía y seguía con ese rollo. No le contesté pero lo haré aquí.
Que te den por el culo, compañero. ¡Y tampoco me gusta Tolstoi!

P.D. Hace unos meses estuve en la biblioteca pública de Los Angeles, subí hasta el tercer piso sólo para tomar un libro de Bukowski entre mis manos, sólo para estar ahí, en el mismo sitio donde el pasó las tardes de su juventud huyendo del calor, el frió y el hambre, y ya estando ahí todo tomó sentido, el muchacho solitario ahora tiene sus propios libros en el mismo edificio donde su hambre se topó con la de Knut Hamsun, comparte un amplio piso con John Fante, el único escritor que le habló de su ciudad cuando más perdido se sentía, al final el bravucón había ganado. Por lo menos mejores compañías.
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Monday, October 12, 2009


Relatos Urbanos. Violeta García

H. Ayuntamiento de San Luis Potosí. 2009
Lo que ves es lo que hay: miniaturas de un mundo pequeño

El conjunto de relatos de Violeta García contiene más de lo que promete en su portada con ese título tan plano e inexpresivo, cualquier nombre de las dos partes que lo conforman hubiera sido mejor, Crónicas de Alcohol, o Crónicas Funerarias, me inclino por este último, serían más atractivos en cualquier aparador, aún así, el libro se deja tomar desde el primer relato, la mayor parte de ellos sencillos, claros y duros, sobre todo duros.
Crónicas de Alcohol contiene ocho relatos que como su nombre lo indica, van de la peda, el pase y la pose, tratan sobre la fiesta, la reunión, el vicio como refugio al vacío, el primero de ellos Noche de Sábado, inicia como un simple testimonio de una simple fiesta juvenil, para despues darnos una breve sorpresa al narrar cada una de las pequeñas historias que sucedieron durante la noche.
Los personajes son jovenes sin trabajo, presionados por las circunstancias sociales y familiares, beben porque no hay otra cosa que hacer, ni otra que les guste, se refugian en las breves tribus que construye la ebriedad y que algunas veces terminan en largas amistades, en otras ocasiones acaban mal, en ellos todo es desvelo, no esperar nada por parte del sol, entregarse al aire, atravezar la noche.
La mayor virtud de estos relatos donde el alcohol funciona como vínculo, detonador o soporte, es que Violeta García jamás juzga, no critica los actos de nadie, es un asistente más en cada historia, y narra lo que es preciso, sin decorar ni romantizar nada, pero tambien sin condenarlo, nos está contando lo que es, evita los estorbos, los artificios tan tentadores que ofrece la literatura, en esa sencillez, esa claridad del relato hay una postura ante el acto literario: no entorpezcas nada, a la historia déjala fluir hasta donde llegue.
Pero hay algo más, en esa clara intención de transcribir la realidad tal cual es, descubrimos que no hay mucho que hacer a favor de ella, no si queremos que siga sonando real, ahí es donde los relatos ganan en profundidad, al presentar las situaciones sin dramatizarlas demasiado, sin interferir entre los personajes, el lector es libre y decide por él mismo.
Violeta García hace una apuesta arriesgada y la gana: la realidad, descrita con pocas palabras no es gran cosa, el hecho es, que tampoco usando demasiadas palabras la realidad llega a convertirse en otra cosa. Si en los relatos la emoción es escasa, es porque lo que sucede en él es un ritual monótono, esteril, y constante, como la realidad misma, los juegos ya no divierten, la embriaguez amarga y envejece las almas de los jovenes que no tienen ninguna moneda puesta en el porvenir.
Crónicas Funerarias es todo lo contrario, estos relatos llenos de muertos contienen más vida, vibran extrañamente, aquí tampoco se juzga o condena a nadie, pero las historias se dirigen al eterno tema de la muerte y lo hacen desde varías perspectivas, principalmente el de la pérdida, antes de hacerse la pregunta de a dónde van los muertos, García busca respondernos hacía donde van los vivos, explora con detalle está parte esencial de la vida, que a mi ver es la más jodida, lo malo no es morir, sino que se nos muera “alguien”.
La viudez, el azar, los accidentes, el suicidio y otras avenidas inevitables que desembocan en la muerte, son los lugares desde los cuales Violeta García inicia sus crónicas de muerte y desamparo, la muerte del otro como detonador de la soledad, el arrepentimiento, y sobre todo el final de algo. Aquí si hay emociones desbordadas pero con mesura, ajena a las exageraciones y al drama gratuito, García acompaña a sus personajes a realizar esos actos, que lo mismo invocan al desamparo que a la resignación, asiste pues a estas ceremonias donde cada uno entierra sus muertos en el aire, y los fantasmas en una botella de licor, los ayuda a encontrar los objetos que los reconciliarán con el mundo, o escuchar ese crujido que la muerte produce al moverse por sus habitaciones nocturnas.
Estamos pues ante un raro acto de equilibrio, por una lado tenemos un conjunto de relatos escritos con un extraño desapego que puede confundirse con frivolidad, y en el otro un conjunto de historias donde el dolor aparece narrado con una levísima ternura.
Y por supuesto con un pésimo título para un libro tan atractivo, espero que corra con suerte y a pesar de él, la gente atravieze ese letrero de No Pase que lleva en la portada. Ojalá.

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Monday, October 5, 2009


Ahogados. Carlos Eugenio López

Lengua de Trapo. 2000
Conversando con un muerto en la cajuela
¿Somos lo que decimos? ¿Realmente alguien puede escucharnos mientras hablamos? De hecho ¿Alguien se escucha cuando habla? La novela Ahogados es un extenso dialogo entre dos hombres que matan inmigrantes y arrojan sus cádaveres al mar, para esto último tienen que hacer un largo viaje en auto, siempre de noche, y en el camino conversan, tratan de conocerse un poco en cada ocasión, lo que sea es ganancia.
Y de qué hablan dos hombres que se dedican a esto, de todo y de nada, así lo han hecho siempre, conversan como simples compañeros de trabajo, este homicidio es el número veintinueve y se notan un poco al borde, uno piensa en el retiro, el otro en que los retiren quienes los contrataron, mientras atraviezan la carretera su diálogo cruza otros caminos, toma los atajos del mutuo acuerdo cuando se puede o realiza varios rodeos para esquivar las palabras peligrosas. En ocasiones sube por las díficiles llanuras del humor y en otras cae en los inevitables barrancos del tedio y del vacío.
Sin nombres ni rasgos uno tiene que construir a estos dos personajes que sólo hablan por pasar el rato, evitándo la mayor parte del tiempo las respuestas sinceras y las preguntas directas, como si jugaran a perseguirse dentro de un auto mientras viajan.
Se saben asesinos pero no le ven remedio, no se imaginan haciendo otra cosa, uno se dice más viejo que el otro, uno estuvo en la cárcel, el otro recuerda a una de sus mujeres: Elena, pero no admite estar enamorado de ella, cuando la conversación va tomando el carril de lo íntimo, uno de los dos siempre tomará la salida más cercana

-Es que no me cabe en la cabeza cómo puede sen tan sencillo matar
-A mí me parece lo más normal del mundo. Lo complicado es vivir.
-Cuando lo piensas, ves tantos cabos sueltos… Y a la hora de la verdad, es como cortarse las uñas.
-O sacarse un moco.
-Por ejemplo.
-Parece un tinglado de impresión porque te han metido esa idea en la cabeza desde que no levantabas dos palmos del suelo, pero en cuanto le quitas el tabú…
-No sé…
-¿Qué es lo que no sabes?
-Que sólo sea un tabú
-Lo mismo que el incesto. ¿Por qué está mal follarse a tu hermana?
-Dicen que los hijos nacen tontos.
-¡Y quién se folla a su hermana para tener hijos!

Cínicos y sentimentales, uno dice escribir versos, el otro no entender nada, en esa larga conversación podemos imaginar más cosas, y como suele suceder en ocasiones, muchas de ellas están en lo que no se dice, en las preguntas que se quedan flotando como fantasmas en el interior del auto, 29 muertos, 29 viajes de ida y vuelta, la misma compañía siempre, la misma carretera, uno dicen contar los muertos y recordar el color de sus ojos, el otro admite que no se fijan en esos detalles, ni siquiera los ha contado, le da lo mismo cuántos sean y de que color tengan los ojos, son moros, personas que entraron ilegalmente al país y así les fue.
En el diálogo hay un racismo sin decoro alguno, sin disfraz, también hay una ignorancia real sobre lo que sucede fuera de su país, hay poca conciencia por la vida de un extranjero desconocido, una breve y simple filosofía para asesinos si es que tal cosa puede existir, ellos se consideran víctimas también, son los que realizan el trabajo sucio pero saben que igual lo harían otros, aún así entienden muy bien lo que están haciendo pero no el por qué, en el fondo no les interesa, no mucho, para ellos algunas cosas tienen matices, depende por dónde se le vea, hablar es lo único que tienen pero han perdido la capacidad de hacerlo sin ofender o lastimar al otro, como lo dije antes, están al borde de algo, al límite de abandonar ese trabajo y largarse a cualquier sitio, se hacen preguntas que ni siquiera ellos se han atrevido a responderse, son asesinos y esa profesión los puso en el mismo camino, esa es la verdad, y de un asesino no es bueno saber muchas cosas, casi al final de la novela su conversación se detiene en una carretera sin salida, la que da a las ruinas del porvenir: admiten que si fueran simples personas y se toparan en la calle, jamás entre ellos se hubieran cruzado una palabra.

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Friday, October 2, 2009


Abril Rojo. Santiago Roncagliolo

Alfaguara. 2006
La fabula del horror y el mounstro

No soy aficionado a leer los libros que obtienen algún premio, es raro que esa estrategia de mercado que las editoriales insisten en disfrazar de reconocimiento me haga caer en las redes del consumo editorial.
Sin embargo ya había leído a Santiago Roncagliolo por otros lados, una crónica en la revista Gatopardo y un cuento simpático aparecido en Pequeñas Resistencias 3, así que esta novela que se alzó con el premio Alfaguara en el 2006 no me pareció mala elección y la incluí en mis lecturas del mes, la dejé al final de todas y no me arrepentí, Abril Rojo es uno de las novelas más interesantes e intensas que he leído por estos días.
El género de suspenso o thriller en latinoamérica tiene sus características muy esenciales, el homicidio jamás termina resuelto del todo, los inocentes resultan no serlo, y el investigador de alguna manera termina involucrado, a veces es complice, en otras es quien ocasiona todo, las razones son obvias, latinoamérica es un thriller perpetuo, su democracia es una farsa terrorífica y su violencia rebasa cualquier pesadilla que haya tenido cualquier escritor de relatos de terror. Santiago Roncagliolo hace uso de todo este antecedente y crea una obra peculiar.
Para empezar tiene un personaje entrañable, Félix Chacaltana Saldívar, fiscal distrital adjunto de Ayacucho, un pueblo de Perú donde acaba de ocurrir un extraño homicidio, un cuerpo semicalcinado y sin un brazo es todo lo que necesita Roncagliolo para encender la mecha de una novela explosiva e incendiaria, eso y la respuesta del doctor Posadas a la pregunta que el fiscal Chacaltana le hace en la sala de obstetricia del hospital (da igual la morgue ya no tiene congelador)

-Una última pregunta, Doctor Posadas. ¿Dónde se podría incinerar un cuerpo hasta tal grado? ¿En un horno de pan… en una explosión de gas?
Posadas tiró al suelo el cigarrillo. Lo pisó y tapó el cuerpo. Luego sacó otro chocolate. Le dio una mordida antes de responder:
-En el infierno, señor fiscal.

De ahí en adelante Roncagliolo nos va dibujando de manera lenta pero con precisión a un personaje peculiar entre todos los demás que habitan la novela, Félix Chacaltana Saldívar es un hombre apegado a la ley, al menos a sus normas, sus reglas y sus procesos, hace exactamente lo que dicen los códigos, ordenamientos y manuales regulatorios, es el especimen más extraño que puede existir en América Latina: es un burocráta que trabaja, separado de su mujer y huerfano, vive insistiendo en que el fantasma de su madre no se vaya de su casa, mantiene la habitación tal cual la dejó al morir y duerme cada día en compañía de un retrato distinto, es un hombre solo que decide regresar a su pueblo natal decidido a pasar ahí el resto de sus días, los demás funcionarios creen que lo mandaron de regreso para castigarlo por algo.
El homicidio para la autoridad, los militares para ser precisos, es resultado de un lío de faldas que salió mal, para Chacaltanan algo no encaja e insiste en que se realicen todos los procedimientos habidos y por haber para comprobar que no fue un acto terrorista, y a pesar de que todos le piden que deje las cosas como están, nuestro personaje se dedica a dejarle las puertas abiertas a los muertos y a los asesinos, lo que sigue es una carnicería, un viaje a la profunda locura latinoamericana, a nuestra absurda naturaleza autodestructiva, y a nuestra heroíca clase militar:

El detenido negó repetidamente la existencia de cualquier vínculo con Sendero Luminoso, lo cual convenció más aún al teniente Cáceres Salazar de su implicación en los respectivos atentados, según ha manifestado, porque los terroristas se caracterizan por negar siempre su participación en los hechos. En consecuencia, y para incrementar la colaboración del detenido, se le practicó una técnica de investigación consistente en atar sus manos a la espalda y dejarlo colgar suspendido del techo por las muñecas, hasta que el dolor le permita proceder a confesar sus actos delictivos.

Cada persona con la que habla Chacaltana es asesinada, quemada casi por completo y una parte de su cuerpo cercenada, según las líneas de investigación dicho acto responde a una vieja tradición de los indios peruanos, al final la locura ya es colectiva, la novela se desarrolla dentro de una festividad mayor, la semana santa y todo parece indicar que los asesinatos tienen algún significado religioso, y en el transcurso de esto, el personaje de Chacaltana sufre una leve transformación: deja de estar ciego, abandona las reglas y el orden en busca de una respuesta real a lo que está sucediendo o y a la vez recuperar su cordura perdida.
Ahora que su mundo se ha derrumbado, lo que hay frente a sus ojos le causa pavor, volver a sus rutina ya es imposible, al final él descubrirá no sólo al responsable de los homicidios, sino al asesino de su propia madre, se descubrirá mounstro tambien, cádaver que anda por las calles de Ayacucho, fantasma que nadie mira, hombre que ya no existe.
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Tuesday, September 29, 2009



Sin tetas no hay paraíso. Gustavo Bólivar Moreno
Qintero Editores, 2005
La triste historia de la planísima Catalina y su narrador desalmado
La historia es muy simple, Catalina es una niña pobre de catorce años y sin tetas, y sus vecinas que si tienen tetas son bien putas. Pero no son unas putas cualquieras, ellas son las compañeras nocturnas de los “manes”, los traquetos colombianos, ellos llegan por la tarde en sus camionetas bien bacanas y se las llevan el fin de semana a sus fincas y las regresan bien zarandeadas hasta la madrugada del lunes con trapos nuevos, mercado para sus madres y un billete, eso es precisamente lo que quiere Catalina: llegar la madrugada del lunes con ropa de marca, dinero y algo de mercado para su madre, pero sin ese par de tetas que tanto le agradan a los narcos, eso que tanto añora es imposible y de los manes sólo recibe desprecio “las tiene muy chicas, dígale que se las opere y luego hablamos” eso es lo que le dicen a Yesica, la madrota que regentea adolescentes en el colegio para vendérselas a sus clientes. La historia es entonces de Catalina y su larga travesía de humillaciones y mentiras para obtener ese par de tetas que cumplirán todos sus sueños. Todo esto en la Colombia empobrecida por el narco y la corrupción de la década pasada.
Desgraciadamente el narrador que elige Bólivar Moreno para su novela, es una roca enorme, un higadito duro de tragar, algo así como un Carlos Cuahtemoc Sánchez con varías rayas de cocaina, acelerado y prendido pero para juzgar a todos sus personajes, tan acelerado que en vez de uno, dispara dos adjetivos en cada oración, y si puede se le salen todos como si estuviera pasando por un cruce de anfetas y mota:

No pocos quedaron aterrados al ver al par de esculturas humanas, humilladas, arrastradas y mancilladas a lo largo de la discoteca, por lo que más de un curioso salió disimuladamente al parqueadero de la discoteca con el fin de conocer el desenlace de la escena que no fue otro que el de el par de mujeres subidas a empellones y bofetadas a un par de camionetas lujosas. Cuando Cárdona llegó “El Titi”, Clavijo, y las Ahumada iban lejos.

El autor es guionista de televisión y periodista, y se le ve hábil al armar a sus personajes sin demasiadas complicaciones, los narcos son presuntuosos y violentos, las adolescentes que se prostituyen son frivolas y sin ningún otro talento, Albeiro el novio de Catalina es una versión colombiana de “Pepe el toro” pero este le hace a la serigrafía, doña Hilda, la madre de Catalina es una mujer abandonada que se esfuerza en sacar a sus dos hijos adelante, Byron es el hermano mayor de Catalina, y Yesica es una adolescente frivola y ambiciosa. El escenario es un barrio pobre de Pereira, y poco a poco se va desarrollando un culebrón de miedo: a Catalina la desvirgan y embarazan tres guaruras de un narco, de quienes se vengará después, decide abortar, casi consigue el dinero para su operación pero en eso les cae la DEA y su patrocinador huye del país, Yesica y Catalina se van a buscar suerte en Bogotá, mientras el buen Albeiro no pierde el tiempo:

Ya en la cocina, Albeiro reafirmó su gusto por doña Hilda que esa noche vestía un pantalón blanco ceñido al cuerpo que le hacía resaltar más su digno trasero para una mujer de 38 años. Albeiro, que no dejó de mirarla un instante se cuestionó con dudas sobre su amor por Catalina, pero se justificó pensando que su amor era tan grande que abarcaba las raíces ancestrales de su novia o que, simplemente, su pasión por ella era un cáncer incurable que estaba haciendo metástasis en su madre.

Y sí, Albeiro termina echándose al plato a doña Hilda, mientras a Catalina se la echa al plato un médico cirujano que termina poniéndole el par de implantes podridos, Byron el hermano se hace sicario y las vecinas de Cata ahora si están de simples putas en un centro nocturno. Todo esto contado por este narrador atroz que a media novela decide aparecer sólo para decir una sarta de estupideces:

… pero en aras de un buen entendimiento con ustedes que me han estado leyendo por horas con un tono moral que desespera… no se confundan al escucharme pontificar sobre la moral y los problemas del país con un tono que raya en la santidad y la solemnidad, sólo quiero sus votos. Mi doble moral me permitirá conseguirlos.

Cualquier lector que se respete jamás hubiera llegada hasta ahí (pág, 126), pero como yo no soy de esos y la historia a pesar de su narrador es bastante buena, yo leí la novela hasta el final, sólo para saber en que terminaba todo, y cómo se que algunos no van a leerla, pues les digo que la joven Catalina muere devorada por su sueño.
Por desgracia, ese narrador que Bólivar Moreno insiste en que es un político corrupto, suena como algo peor: un comentarista de televisión tipo Primer Impacto, un Enrique Gratas cualquiera, es más, es como si la novela la hubieran escrito Juan Manuel Martínez y Claudia Hernández, los comentaristas del noticiero matutino de Ciudad Juárez, con una torpeza y un estilo farragosos, contaminado por juicios morales sin sustento, entrometiéndose entre los personajes y su lector, exactamente como lo hacen los “reporteros” de televisión, señalando con el dedo los errores de todos, sin fijarse en lo mal que pronuncian las palabras y las incoherencias que están diciendo.
Hasta ahora no entiendo cuáles fueron las verdaderas intenciones de Gustavo Bolivar Moreno, escribir pensando en llevar a la televisión su novela (cuya versión Colombiana es buenísima y no tiene voz en off), señalar discretamente y con mesura la cruel realidad de las adolescentes pobres de Colombia, el capitular los excesos de los narcos y la prostitución de menores disfrazada de agencias de modelaje, denunciar el cómo entre la miseria se va gestando otro tipo de miseria, o simplemente quiso darnos un buen ejemplo de cómo el narrador que elegimos puede darle en la madre a una excelente historia.

U_U

Friday, September 18, 2009



Ficción Barata, José Juan Aboytia

Premios Estatales de Literatura 2008
Pequeña Road Novel o la verdad debería ser una marca de cerveza

Cuando me pregunto cuántos años trabajé en periódicos, la respuesta no suele ser breve; el suficiente para saber en que consiste rentarle el alma al diablo, el necesario para darse cuenta que en esos sagrados recintos de la información la amistad es un acto casi imposible, salvo que esa amistad exista antes de entrar a trabajar allí, pero incluso en esa circunstacias, cualquier lazo estrecho corre el riesgo de romperse, a lo más que puedes aspirar, es a integrarse a esa legión de necios aferrados a seguir encima de un barco en llamas al mando de un capitán enloquecido, paranoico y egocéntrico, el tiempo suficiente, ni un minuto más, ni un minuto menos.

Reflexionaba sobre eso porque la primera vez que leí la novela Ficción Barata, la clica de Hugo Piñero, el protagonista, me pareció numerosa: Claudio Díaz, alias el Deis, Pablo Costas, Lucio Méndez (¡?), Mónica y Alejandra (las chavas), pero luego recordé que así era el asunto, buenos conocidos, compas del jale y ya, para saber quienes eran amigos de verdad, era necesario que despidieran a uno de ellos y ver cómo se aguitaba el otro. O como en este caso, que desaparesca.

Afortunadamente para los lectores, esta novela no trata de las vivencias dentro de un periódico, sino lo que sucede después, cuando se está afuera y el amigo de uno de ellos desaparece sin dejar rastro. El desaparecido es el Deis, amigo de generación de Hugo Piñero, un joven reportero que se enfrenta a la perdida repentina de una persona que estima, y al final a la desaparición de si mismo.

La principal virtud de Ficcion Barata es que no se inclina por el drama, ni tampoco es un oda al periodismo comprometido, es puro sexo, cervezas y rock en tu idioma, es carretera, playa y más cervezas, y como bonus track, trae una novelita encerrada, y un paseo nocturno por Ciudad Juárez.

Con un tono desgarbado y sin cariño alguno Jose Juan Aboytia aborda la frontera y nos deja en claro sus virtudes y sus defectos, es divertida pero tambien es violenta, su cocina es diversa pero sus calles horribles, la cerveza se vende temprano, sus policías se levantan tarde, bueno, estas dos últimas son ventajas. Su personaje principal Hugo Piñero es un bato soltero que le gusta el rock en español, su amante es Gris, una mujer casada que lo visita de vez en cuando y sus amigos temporales son sus compañeros del periódico, en su tiempo libre se dedica a buscar libros, y unos días antes de la desaparición de su amigo, anda tras una novela policiaca Tijuana Dust, acaba de conseguir unas clases en la universidad donde por una extraña casualidad tambien asiste Lolita, la chica que hace su servicio social en el periódico.

La desaparición del Deis es lo que rompe las gratas rutinas de Hugo Piñero, y lo que tambien dispara la velocidad de una novela de por si vertiginosa, escrita sin freno y a un ritmo acelerado pero grato, Aboytia insiste en los recursos de lo inmediato, las descripciones breves, diálogos ágiles y una fuerte inclinación por lo visual, hay una secuencia (imposible llamarla de otra forma) que considero genial, donde Hugo Piñero se echa unos tacos mientras escucha a la gente hablar sobre las noticias más recientes, parece que en vez de narrar Aboytia estuviera editando una película de Guy Ritchie.

Luego inician los viajes, la carretera, el comer, el coger y el beber en el norte del país, las visitas obligadas a los tacos de pescado, la comida china en Mexicali, los bares y los congales de rigor, el simple y llano desmadre de los que habitan bajo el sol, y el constante regreso a casa, a sus discos, su ropa sucia, sus breves habitos de solitario, luego vendrán las represalias de sus propios compañeros, esa invitación al silencio clásica en los medios “mejor ni le muevas”, al no hacer caso a las sugerencias se gana un viaje en narco y un paseo a la lejana y casi gemela Ciudad Juárez, el mismo recorrido nocturno en una ciudad distinta, “esta chida” dice Piñero, mientras sigue leyendo la novelita, que va contando de prisa pero bien distribuida entre las páginas y entre los pasos de Piñero, para cerrar el ciclo y ponerse ya en plan fantasma, al final le aguardan varias sorpresas, una, es que sus visitas a Juárez serán frecuentes, en una de esas encuentra a una persona idéntica al Deis y por último, el autor de Tijuana Dust tambien habita esta ciudad, lo conoce. En Tijuana sus compas del jale poco a poco lo dejan de frecuentar.

A pesar de ser muy divertida, no puedo considerar a Ficción Barata como una novela humorística, al final algo de ese humor cumple su cometido y comienza a dolernos, el típico dolor que disimulamos al saber que nos estamos riendo de nosotros mismos, recordamos esa frase de “eso sería más gracioso si no fuera verdad” al final nos hemos visto en Hugo Piñero y su tambien extraña desaparición, ya no es el mismo personaje con el que inició la novela, es otro, más viejo, más duro, un desconocido para sus “amigos” alguien que tambien desaparece devorado por las circunstancias, exactamente como en la vida real, los amigos se van, nuestras ciudades se alejan, las mujeres tambien. ¿Y la verdad?

La verdad sigue siendo eso que en apariencia, y sólo en apariencia, siempre está delante de nosotros.





Wednesday, September 16, 2009

Un Vestido de Domingo. David Sedaris
Mondadori, 2005
El Infierno en Rosa

Qué pasaría si el querido Kevin Arnold de The Wonder Years, en vez de ir tras los huesitos de la bella Winnie Copper, hubiera preferido los de Paul Pfeiffer y aparte de eso sus padres fueran un par de cabroncetes materialistas sin ninguna sensibilidad pero con una visión bastante práctica sobre la vida? Seguramente serían como los cuentos de David Sedaris y jamás los hubieramos visto por televisión.
El título original del libro es Viste a tu familia en corduroy y denim, telas que marcan una epoca y estigmatizan a quienes visten ropas elaboradas con ellas, pero eso es en norteamérica, fuera de allí, todo trapo con forma de algo es bienvenido, y si de algo se puede clasificar a este conjunto de cuentos es de ser norteamericanos en extremo, los dos primeros Ellos y Nosotros donde el personaje contempla a una familia sin televisor y Deja que nieve, una terrible pero divertida postal familiar enviada desde el infierno, son magníficos, tienen esa carga de nostalgia profunda y humor en serio que siempre se agradece, pero los siguientes cuatro El Barco en el charco (lo que nunca tuvimos), Full de príncipes (la primer travesura homosexual), Contemplar las estrellas (si un chico popular me golpea con una piedra yo la guardo) y Monie lo cambia todo (la tía rica que me heredó una alfombra), son díficiles de roer, demasiada fijación en los asuntos materiales y ubicados en una norteamerica superflua y decadente pero desde una perspectiva muy limitada, ya vistos con cierta amabilidad, no son más que un acto de un stand-up comedian bastante deprimentes.
Después de atravesar estos farragosos terrenos que me recuerdan las peores partes de American Psycho de Brett Easton Ellis (esas páginas llenas de marcas de ropa pero sin las marcas) Sedaris toma el mismo rumbo que Woody Allen siguió en Decostruyendo a Harry, y entonces sí uno se desliza por un conjunto de relatos donde utiliza el humor, la ternura y la ironía como instrumentos para realizarle una disección al álbum familiar
A partir de ahí, dos cosas desaparecen, el protagonismo gay y el punto de vista unidireccional del típico norteamericano, cuando Sedaris se incluye en el relato sin hacer alarde de estas dos cosas, y cuando es capaz de ver su homosexualismo desde afuera ya sea a traves de los ojos de sus padres, o de sus hermanos, los relatos fluyen con naturalidad, ahora si norteamérica aparece de nuevo no como un país amable sino como el verdadero desierto inhabitable para la mayoría, la adolescencia dura (sea uno lo que sea) la madurez instantánea, y la familia típica (esta si universal), un montón de cacharros sin relación alguna atado con alambre y reforzado con goma de mascar, un humor ácido pero contenido, y una crítica no sólo hacia su pais y sus habitantes sino hacia él mismo.
David Sedaris muestra bastante ingenio narrativo en cuentos como La chica de al lado, que no es otra cosa que una brillante conversación telefónica con su madre, o en Puto Trabajo, donde él mismo se declara marginado entre los marginados, es decir un homosexual que desconoce los códigos más elementales, Repite conmigo es un cuento mayor, una exploración de los errores cometidos sin querer, pero que permanecen en la memoria de los afectados, mientras la hermana le reclama un sin fin de actos dolorosos, él personaje decide pedir perdón de una manera peculiar. Los demás relatos tambien destacan por su desfachatez y por la precisa descripción de las terribles manías que jamás han abandonado a su familia. La “nuit” de los muertos vivientes, el cuento que cierra el libro es un enorme cliché-homenaje a las cintas de terror, visualmente poderoso y paródico, y tal vez uno de los más divertidos del libro y con el final más incisivo pero tambien más literario, una anécdota que se convierte en una bella y cruel metafora de cómo la noche y el día transforman el uso de nuestros objetos cotidianos.
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