Tuesday, June 29, 2010

Amor, humor y des-humor o el arte de sobrevivir a la familia
Más respeto, que soy tu madre. Hernán Casciari
Grijalbo, 2006

Hace unos años, cuando el blog era lo nuevo y todos tratabamos de entender dicho fenómeno, en otros lugares hubo personas que tomaron ese espacio para crear personajes virtuales, el más simpático de los que llegué a leer fue Mirta Berttoti, supuesta autora de Diario de una mujer gorda, en ese blog Mirta nos contaba de vez en cuando las suertes y desgracias de una familia de clase media que no paraba de hacer locuras, su hijo de en medio se la pasaba haciendo figuritas de mierda cuando iba al baño, la hija se iniciaba sexualmente, mientras ella poco a poco se iba retirando de dicha actividad recreativa, gracias al poco interés de su esposo, el Zacarías. Todo esto era contado con un estilo de humor bastante natural y sin pretensiones.

Pocos fueron los blogs que tuvieron éxito, este, es uno de ellos, su autor Hernán Casciari obtuvo tanto que su creación ha sido llevada al teatro, el radio y por supuesto, un libro, en el 2005 su creación fue elegida como el Mejor Blog del Mundo por la revista Deutsche Welle, ahora en el formato de libro, tenemos la oportunidad de saber porqué.

Más respeto, que soy tu madre, tiene todo lo que una telenovela odiaría tener, humor, sexo, blasfemias, es politicamente incorrecta y no tiene ningún recato, aún así, el personaje que narra todas las fortunas y desventuras de una familia disfuncional, le agrega drama a cada página que escribe, como se le hecha sal a cada taco que uno se prepara.

El libro inicia con la llegada de su menopausia:

Mientras escribo navego en una página médica, pero todo lo que dice allí no es ninguna novedad. ¿Tiene dolores óseos? ¿Tiene depresión, irritabilidad, angustia, insomnio? Sí. ¿Tiene molestias en las relaciones sexuales? Ni la más remota idea, señor médico virtual, porque el Zacarías no se toma la molestia de descubrirlo desde hace siglos, que se dice pronto. ¿Tiene mayor flacidez en las mamas? Sí, parecen dos quesos de Burgos. ¿Tiene sequedad vaginal? Tengo para mí y para regalar. ¿Qué más tiene, señora? ¿Qué más tengo? Tengo cincuenta y un años, ocho meses y trece días. Tengo ganas de llorar y de que alguien me abrace. Pero son las cinco de la mañana y toda la familia duerme como si en esta casa no pasara nada.

Después de eso, somos invitados a vivir la vida loca, ese largo y sinuoso camino que significa ser la madre de Toño, el tarado y mariguano de la familia, Nacho el hijo que era gay y después no, Sofi que anda por ahí descubriendo el mundo, Don Américo o el Nonno, abuelo mariguano, aprendiz de baterista y con un apetito sexual insaciable, la Negra Cabeza, primer novia del Toño a la que el abuelo se pasa por las armas, y el infaltable Zacarías, esa mezcla de macho fan del futbol y bebedor problema que resulta ser el esposo de la narradora que cada día que pasa lo sobrevive al borde de las lágrimas.

Así, sin más, Hernán Casciari me arrancó una que otra carcajada en esta temporada donde el humor es algo que se agradece, más cuando parece escasear entre lo que uno encuentra en las librerías, de hecho, el humor escasea en todos lados, y cómo no, si cada vez es más innasible, sigue siendo ese objeto oscuro del deseo de algunos, un sencillo aderezo cuya receta no le sale a todos, el humor es o no es, así de simple y terrible es el asunto, y Casciari logra andar con extraño equilibrio una historia sencilla: el principio de la tercera generación de la familia.

Lo que mas me sorprendió fue la capacidad para sostener el tono de mama campanita atascada de anfetas, pues ninguna madre que se precie de serlo sería capaz de soportar cualquier suceso de esta familia sin caer en el soponcio, por que la mujer aguanta de todo, que el Toño llega con una africana de novia, vale, que el Nonno y el Toño pelean por la africana y terminan en la cárcel, tambien pasa, que la Negra Cabeza (así le dicen a la muchacha) termina de sirvienta-mesera de la casa, pues como que ya es el colmo, pero la cosa sigue, Nacho el maricón una noche descubre que no lo es, esto sucede en una cena con los nuevos ricos del barrio, cuando el padre de Marilú los encuentra pegados como perros, con la madre jalando de uno y la Sofi de otro tratando de interrumpir tan incomoda situación, termina por golpear a el Zacarías, padre del ofensor:

-¡Mi niña era vírgen, soldado Zacarías!- decía mientras pegaba y lloraba.
-Y mi niño era marica, soldado Pepe!- susurraba el Zacarías, sangrando feliz.

Antes de esto, cuando Zacarías no se hace a la idea de tener un hijo “diferente” se da uno de los mejores diálogos en el libro:

-No, gracias papá; el pollo lo prefiero con mostaza.
-¿Pero alguna vez has probado la mayonesa, hijo?-le pregunta el Zacarías
-He probado las dos cosas, y me gusta más las mostaza, papá.
-Pero habiendo tan buena mayonesa en este país -insiste mi marido- no me entra en la cabeza que te guste la mostaza.
-He estado cinco años comiendo el pollo con mayonesa solamente para aparentar -se sincera el Nacho-, pero ya me cansé.
Zacarías no da el brazo a torcer:
-Igual nunca has encontrado una buena mayonesa que te haya puesto los pelos de punta…
-No es una cuestión de calidad, papá -niega el Nacho- con la mayonesa no siento nada, en cambio con la mostaza soy yo mismo, y quiero sentirme orgulloso de comer mostaza.
-Tendría que haberte llevado a probar mayonesa cuando tenías doce o trece años- se lamenta Zacarías-, como se hacía antes.
-No es eso, no te culpes de nada.
El Nonno, que había seguido la conversación muy serio, rompe la magia:
-Bambino ¿e no has probado nunca la salsa roja, que é mayonesa e mostaza tutto a la vez?
-¡No seas pervertido, papá!- se asquea el Zacarías- ¿No ves que hay criaturas en la mesa?

El humor del libro es constante pero no excesivo, alguna formula secreta ha de tener el tal Casciari para no aburrir ni cansar, es dificil mantener tanta ocurrencia dentro de un espacio tan reducido, los únicos capítulos que fallan terriblemente, son aquellos donde el Nacho invita a cenar a su novio y éste insiste en que no son una familia real sino una agencia de publicidad tratando de colocar una novedad editorial en el mercado. No sé si esto fue una crítica a los reality shows que en aquellos años según algunos eran interesantes o fue cuando se descubrió que el autor del blog era hombre, como sea en el libro resultan fatales, rompen con una secuencia bien armada, un detalle que se agradece es el haber adaptado algunos datos para hacerla legible en México, los equipos de futbol rivales son el Guadalajara y el América, López Portillo y Vicente Fox son nombrados para aclarar ciertas décadas en la historia de la familia, supongo que en los otros países donde se ha editado este libro, hicieron lo mismo, demasiada atención a los lectores me sorprende.

Más respeto, que soy tu madre, es un libro dominguero, pero de los buenos, sus personajes se quedaron un buen rato conmigo, sus actos y desastres me divirtieron bastante, la ternura de la narradora jamás rebasó el borde del frasco de mermelada, y el equilibro de tonos y personalidades me sigue pareciendo genial, entre el cinismo, el impudor, la valentía y el sentimentalismo de todos, Casciari logra dibujar una familia casi real, salvo esa humor negro que en cada integrante tiene su peculiar manera de manifestarse, algo así como un gen enfermo que brilla de manera intermitente y que los hace únicos, respetables.

Wednesday, June 23, 2010

Noticias desde el infierno
Territorio Comanche, Arturo Pérez-Reverte
Editorial Alfaguara, 2001

Hay autores que sobresalen en la brevedad, a pesar de que Pérez-Reverte es famoso por algunas obras que rebasan las 300 páginas, yo prefiero sus instantes de realismo y memoria fría, sus artículos compilados en Patente de Corso y Con animo de ofender, son textos que repaso cada año, sólo para admitir que nada ha cambiado, otro libro al que vuelvo con la misma frecuencia es Territorio Comanche, un recuento sin moral alguna de sus 21 años de corresponsal de guerra.

21 años de contemplar la podredumbre humana resumidos en 136 páginas suena algo extremo, pero la realidad siempre lo ha sido, y esa podredumbre no ha dejado de existir, Pérez-Reverte lo sabe de primera mano y arma una breve historia en la que suceden todas las guerras anteriores, mientras Márquez, el camarografo de Barlés espera a que un puente sea derribado, siempre ha querido filmar uno al momento de caer, y ese día en Bijelo Polje, una ciudad al norte de Montengro en plena guerra, todo parece indicar que el viejo puente de piedra tiene las horas contadas, y es en esa horas de espera, donde el narrador recorre otro territorio devastado, la memoria de cada uno de ellos.

Sin preambulos, ni descripciones decorativas, y como simple corresponsal del infierno, Pérez-Reverte viaja del pasado al presente en las vidas de estos hombres que lo han visto y escuchado casi todo, niños con la cabeza aplastada, ancianos abandonados a su suerte en los asilos, una biblioteca en llamas, cadáveres por todos lados:

Arrodillado en la cuneta. Márquez tomó foco en la nariz del cadáver antes de abrir a plano general. Tenía el ojo derecho pegado al visor de la Betacam, y el izquierdo entornado, entre las espirales de humo del cigarrillo que conservaba a un lado de la boca. Siempre que podía, Márquez tomaba foco en cosas quietas antes de hacer un plano, y aquel muerto estaba perfectamente quieto. Cuando tenía que hacerle un plano a uno, Márquez siempre accionaba el zoom para enfocar a partir de la nariz. Era una costumbre como otra cualquiera, igual que las maquilladoras de estudio empiezan siempre por la misma ceja. En Torrespaña eran famosas las tomas de foco de Márquez; los montadores de video que suelen ser callados y cínicos como las putas viejas, se las mostraban unos a otros al editar en las cabinas. No te pierdas ésta, etcétera. Junto a ellos, los redactores becarios palidecían en silencio. No siempre los muertos tienen nariz.

Así, en este ir de una guerra a otra comprendemos verdades muy sencillas, todas las guerras son la misma cosa, pisos que crujen al caminar sobre ellos, llantos, manchas de sangre, el penetrante olor de la orina en el encierro, rostros mirando hacia cualquier parte, miedo y una bola de hijos de puta cuyo corazón ha sido devorado por los tambores de la guerra.

Pérez-Reverte, tal vez sin proponerselo tambien hizo de Territorio Comanche un sentido homenaje a sus colegas, porque este libro esta lleno de otros corresponsales de guerra, de vivos y muertos, de los que sobrevivieron amargamente y de los que cayeron en desgracia por culpa del azar y uno de los hijos de puta que mencioné antes. Hombres que aterrizaron en sus países y terminaron sus vidas en un accidente de auto, o los que prefirieron arrugarse detrás de un escritorio al sacar cuentas y descubrir que entre las balas del próximo día una ya tenía su nombre.

Ante el horror de la guerra, el autor aún se da oportunidad de poner en claro el absurdo de los medios de comunicación, a los corresponsales se les piden comprobantes de gastos, y cómo compruebas el soborno a un guardía, la compra de gasolina a un contrabandista, o los servicios de un guía clandestino que tambien va huyendo de la guerra. Las facturas que se pagan son otras, el tratar de dormir en pleno bombardeo, el despertar antes de que una granada explote en el mismo piso de hotel donde te hospedas, el salir a cubrir el territorio y no saber si volverás a ver a tus colegas por la tarde, salir a ver el horror frente a frente y no obtener nada a cambio

Nada es tan frágil como lo que tienes, se dijo. Y lo más frágil que tienes es la vida.

Ahí en la calle, donde todas las ciudades en guerra tienen el mismo aroma: sangre y polvora derramada, Pérez-Reverte sabe que del otro lado los que contemplamos ese minuto de guerra en el televisor (minuto que le ha costado todo el día), no tenemos ni la puta idea de lo que es estar ahí, para nosotros la guerra es algo lejano y ajeno, algo que se puede resolver con buena voluntad y la colaboración de todas las naciones, de ese asunto no sabemos ni una mierda

Con los compromisos intelectuales, con los manifiestos de solidaridad, con los artículos de opinión de los pensadores comprometidos y las firmas de las figuras de las artes y las ciencias y las letras, los artilleros serbios se limpiaban el culo desde hace tres años

Territorio Comanche narra estas horas de espera y esos años tras la sangre, esos minutos que Márquez pasa preocupado más por la bateria de su Betacam, que por la bateria enemiga que se acerca, esos segundos en que Barlés pasa lista entre sus vivos y sus muertos, entre el horror y sus fantasmas, ese instante en que toda la historia de un puente se derrumba y se esparce en la nada, como las vidas que se esparcen en nombres, en cifras estadisticas, en 30 segundos de transmisión, en nada.

Tuesday, June 8, 2010


Inmersiones: Crónicas del viajero inmóvil
La escafandra y la mariposa. Jean-Dominique Bauby
Plaza & Janes.1996

Una tarde cualquiera conduces el auto con tu hijo a un lado, comienzas a sudar frío, y una cuestión cardiovascular te bota los breakers, veinte días en coma después, cuando despiertas, tardas en comprender lo que ha sucedido, sólo puedes mover el ojo izquierdo. ¿Tienes ganas de escribir un libro?

Eso fue lo que hizo Jean-Dominique Bauby, quien antes de enfermar fue editor de la revista Elle en Francia, y es uno de esos libros que resaltan por su sencillez, su ausencia de intención, y ese peculiar humor que le pertenece a los enfermos.

Ante esa extraña situación clínica conocida como locked in syndrome, (encierro en si mismo) Bauby sabe que tiene pocas alternativas, ha dejado de habitar el mundo, él simplemente ya no es quien era, y antes de que la locura o la desesperación sean las única sensaciones posibles, decide tomar un tren hacia cualquier parte de si mismo. Viajes hacia la memoria, transcripción en tiempo irreal de cada día que sucede dentro del hospital, el aprender a comunicarse con el movimiento de un párpado y la lectura de un alfabeto en desorden, todo, con la simple intención de seguir dejando un rastro, una marca, algo mas que palabras escritas sobre el agua.

Sueños, pesadillas, recuerdos de viaje, la última charla con su padre, los planes que tenía para esa tarde cuando todo dejó de suceder, cada cosa que va contando Bauby a lo largo de su libro es parte de una construcción sólitaria, la torre de alguien que se aferra a no perder la cordura, y que prefiere externar todo lo que sucede dentro. Más allá de toda alegoría, el testimonio de Jean-Dominique Bauby es la primer transcripción de un hombre que está condenado a permanecer dentro de sí mismo, alguien que nos habla desde la más profunda tiniebla, alguien que en la soledad absoluta de cada hora que pasa, sólo tiene su imaginación y su memoria para huir de su circunstancia.

Bauby es un fantasma que recorre los pasillos de si mismo, encuentra las viejas galerías llenas de aromas, sonidos, personas, anécdotas divertidas y las confronta con su presente, todo está lejos de todo, mover un dedo es peor que tratar de levantar un edificio, saborear algo es simplemente imposible, acariciar o abrazar a sus hijos es un sueño que toda la vida fue algo fácil de realizar:

Me ha invadido una oleada de tristeza. Théophile, mi hijo, está ahí sentado tan formalito, con el rostro a cincuenta centímetros del mío, y yo, su padre, no tengo siquiera el derecho de pasar la mano por su espeso cabello, de pellizcarle la nuca cubierta de pelusa, de estrechar su menudo cuerpo liso y tibio hasta sofocarle. ¿Cómo decirlo? ¿Es algo monstruoso, inicuo, repugnante u horrible? De pronto me derrumbo. Las lágrimas afloran y de mi garganta escapa un ronco espasmo que sobresalta a Théophile. No tengas miedo, chaval, te quiero.

La escafandra y la mariposa hacen alusión a los dos únicos pasatiempos que Jean-Domique puede realizar dentro de su cabeza, sumergirse en su memoria, o volar fuera del hospital para recorrer de nuevo las ciudades desconocidas, conversar otra vez con aquellas amistades que hoy lo miran con tristeza, en su memoria vuelve a saborear sus comidas favoritas, da largos paseos nocturnos por las calles solitarias, todo lo que sea necesario con tal de evitar la sensación de encierro, todo por hacer placentero el viaje inmovil en el barco más tenebroso del mundo: uno mismo.