Monday, September 20, 2010


Silvio Rodríguez en Voces de América:
Un concierto para una sola voz


Llegué al concierto de Silvio Rodríguez sin ninguna expectativa, así lo hago con cualquiera, aplico un metodo que aprendí por parte de un amigo: evité por casi un mes escuchar los discos o ver los videos del músico en cuestión (en este caso tenía años) y así, de esta manera, llegué dispuesto a la aceptación absoluta, lo que ves es lo que hay, en este caso, lo que oyes es lo que hay. Este metodo está lleno de ventajas, la principal, es que pase lo que pase, todo va a ser mejor de lo que esperaba.

Aún así, cuando vi la lista de canciones en el programa de mano mis expectativas bajaron más, por tres simples razones adolescentes, no estaban incluídas Canción en harapos, En mi calle, y Cuando digo futuro, bueno, dije, mientras no canté la del pinche unicornito azul estamos a mano.

A las 8:30 inició la histórica participación de Silvio Rodríguez, y para mí que no esperaba nada, todo sucedió bien, claro que no era la voz de hace 40 años, ni los mismos arreglos, hombre, que ni Silvio era el mismo, (carajo, los años pasan y lo hacen peor si uno no se cuida) y las canciones tampoco fueron las mismas, lo que a mi me sorprendió fue como esa voz distinta y esos arreglos para el conjunto de cuerdas y vientos que lo acompañó, fueron sacando del ataud de mi memoria una legión de versos que creía muertos, y ahí sí, tuve bastantes razones para emocionarme, para empezar el darme cuenta de que mi alzheimer no era tan grave como pensaba, pero sobre todo, fue descubrir en alguna circunvolución de mi cerebro los recuerdos de aquel muchacho que fui y que prefirió escuchar a Silvio Rodríguez y dejar el rock en tu idioma para después, desde esa perspectiva todo dejó de importarme, y para mi ese concierto comenzó a tener valor. Hasta que cantó el unicorny blue, pero bueno, aquel muchacho que fui era más tolerante y prefirió pensar en otra canción mientras esta se terminaba.

El conjunto de canciones que interpretó esa noche, la mayoría de ellas, adquirieron para mi otro sentido en estas nuevas circunstancias, en esos años que las escuché por primera vez, esta ciudad era un sitio propicio para la libertad y para los sueños de cualquier chamaco de 17 años, ahora, con la ciudad sitiada, mis sueños estan habitados por algo peor que las serpientes, el concierto transcurría y no me puse a pensar ni en discursos, ni en ideologías o sistemas políticos, lo que me calaba hondo era lo adecuadas que eran esas canciones para este momento, me olvidé que este hombre es cubano, que estas canciones fueron escritas en otros años, para otras ciudades y con la intención de apoyar o rechazar otras guerras y no esta, aun así, cada línea para mi caía en su sitio, yo, a diferencia de muchos tengo en mi memoria a un jovenzuelo flaco y de lentes oscuros, puedo decir con certeza -eso no está muerto, no me lo mataron, ni con la distancia ni con el vil soldado- pero por desgracia, hay otros que no pueden decir lo mismo.

Cuando cantó Pequeña seranta diurna, hizo un alto en una frase, la dejo incompleta creo que manera intencional, ... y quiero que me perdonen por este día mis muertos..., dejó fuera la felicidad que acababa de nombrar, insisto, como queriéndonos decir algo. El necio, canción que jamás había escuchado, me gustó bastante, y no porque sea una declaración pro-cuba, sino porque algunas líneas coinciden con las cosas que mis padres han tratado de enseñarme con su ejemplo: la necedad de vivir sin tener precio.

Cuando llegó la tan esperada Ojalá, canción que se dice alguna vez le dedicó (mas no escribió) a Augusto Pinochet, yo le puse la cara de “El Chapo” al dictador, mi pareja la del presidente Calderón, y fue inevitable coincidir en la frase de ...tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Para cerrar, La era esta pariendo un corazón... y ese final que parece una lista de instrucciónes para casos de emergencia debo dejar la casa y el sillón... por cualquier hombre del mundo, por cualquier casa, y tan tán se acabó el asunto, algunos dicen que Silvio se portó mal, que fue muy seco, y claro, que no cantó las canciones que debiá cantar, en pocas palabras, todos llegaron con la expectavivas cruzadas, esperando acaso un milagro, un tierno apapacho, un mensaje de esperanza, creo que Silvio se fue por el otro lado, pongánle acción, la guerra es dura, el enemigo está aquí, en ustedes, que esperan demasiado de los otros, no sé.

Algunos dirán que Silvió ha cambiado mucho, que ya no es el mismo de antes, y yo me pregunto quién lo es a estas alturas. Creo que nadie, yo no, y eso no impidió que Silvio le cantara a ese muchacho que aún lo recuerda con bastante cariño en algún pasillo de mi memoria.

Monday, September 13, 2010


Ni una letra más al narco
la postura de Pilo Galindo





Tal vez no sean estas las palabras que usó Pilo Galindo durante su participación en la mesa Espejos de la violencia en la literatura mexicana, pero fue lo que yo entendí, después Elmer Mendoza de Sinaloa, insistió en que precisamente de eso debe de hablarse pues es lo que está sucediendo y como escritores no podemos negar la realidad.

En ninguna parte Pilo Galindo sugirió negar la realidad, no habló de evasión o de cerrar los ojos, sí habló de las otras historias, de las otras personas, de los demás, de todo aquel que de unos años para acá adquirió la cualidad de sobreviviente.

Antes de entrar al territorio confuso de la escritura, la libertad y la realidad, dejo claro que apoyo la postura de Pilo Galindo, y las razones trataré de ponerlas en claro.

De buenas a primeras, el negarse a escribir sobre el narco suena a cobardía, desde mi punto de vista es todo lo contrario, un escritor que decide poner un hasta aquí a tanta infamia, pero sobre todo a tanto poder, ya ha dado un primer paso, en principio hay que considerar que el narco está invadiendo todos los ambitos de la vida social, y que dicha invasión ya está controlando y transformando dicha vida en un encierro perpetuo, convivimos con el miedo y esto, ya lo han dicho otros, ya no es vivir.

El narco de hecho, ya invadió las librerías, llaménme paranoico, pero el narco busca todas las formas posibles de estar cerca de nosotros: en las salas de nuestras casas, en nuestras conversaciones cotidianas, por eso, el hecho de que un escritor decida no escribirle una sola letra al narco, es un acto de resistencia, un acto valiente que yo por lo menos, pienso seguir.

Pilo Galindo tampoco dijo que negaramos la realidad, al contrario nos invitó a verla en su totalidad, en asomarnos a las orillas, a los margenes de cada historia, nos habló precisamente de eso, de las otras historias que suceden en y a pesar de la violencia, hay muchos sobrevivientes, hay muchas heridas, claro que hay muchos muertos, cifras y manchas de sangre en el noticiero o en el periodico, pero qué hay después de la noticia, qué sucede cuando las cifras pierden todo sentido de proporción, que pasa con lo que no aparece en la fotografías.

De eso es de lo que quiere escribir Pilo Galindo, esas cifras tienen hijos, amigos, familia, una historia. La del narco ya nos la sabemos, se escribe a diario con las palabras corrupción, impunidad, incompetencia, esa historia la leo todos los días, tal vez soy un ingenuo, pero esa historia no quiero que la lean mis hijos, habrá entonces que ponerse a borrar en vez de escribir, o como dice Pilo, negarles las palabras, cada letra irsélas quitando poco a poco.

Un escritor no puede seguir siendo el eco de la violencia, no debe prestarle su pluma al narco, al contrario debe ser la voz de sus victimas, de todos aquellos que a diario habitan una ciudad que está en medio de una guerra que no pidieron.

En cada familia hay una historia de resistencia y de esperanza, por dar un ejemplo, este año se han abierto dos bibliotecas comunitarias, sin apoyo del gobierno, pero tambien se han cerrado muchas calles en distintos sectores de la ciudad, una de esas bibliotecas está en Villas de Salvarcar, lugar donde sucedió la masacre de 14 jóvenes estudiantes, y ahí donde el narco quizó dejar su huella, los habitantes no cerraron la calle, no pidieron más soldados, más vigilancia, es más, ni siquiera pidieron dinero, eligieron abrir una biblioteca, en pocas palabras dejarle espacio a la esperanza, porque donde haya libros que no hablen del narco, todo, cualquier cosa es posible.

Como esa historia hay más, porque son muchos los heridos que se han levantado, y estoy seguro que si los escucharamos, si contaramos sus historias, todos aprenderíamos mucho.

Gracias Pilo!