Monday, November 2, 2009


Contrabando de sombras. Antonio José Ponte
Mondadori, 2002
Pero Coño! Para qué tanto símbolo Chico!

Esta novela contiene casi todos los ingredientes que un lector excéntrico puede pedir: una isla como escenario, un cementerio, un fotografo extranjero, relaciones homosexuales, perros que ven fantasmas, un fantasma del pasado, saqueadores de tumbas, un vidente, un viaje a la adolescencia en un internado y un sueño donde se recrea la muerte a fuego de los “amujerados” en Cayo Puto.
Como es de esperarse, el resultado me indigestó un poco y al final no supe si el conflicto se resuelve o no (cuál conflicto?), si la novela me fue grata o sólo fue la curiosidad lo que me llevó hasta el final, en otras palabras, la novela promete demasiado y cumple con la mitad, es interesante, tiene sus momentos de intensidad, pero tambien tiene un exceso de personajes y eventos que considero innecesarios y unas alegorías que terminan por confundir y mezclar significados.
Al principio Renán le cuenta a Vladimir que el cementerio es el lugar “imposible” para coger, pero él ya ha cogido en ellos, y que no puede pasar frente a un cementerio sin tener una erección. Dicho esto, varios parrafos después Renán muere atropellado en la carretera.
Vladimir es un escritor contratado por medio de Lula, su amiga abogada, para realizar algunos textos para un fotográfo extranjero que va a casarse con una “mulatica” para sacarla de el país y que realizó algunas fotografias en el cementerio que esta frente a la casa de Susan, una amiga de Vladimir y Renán el muerto, ahí, mientras visita el lugar junto al fotográfo descubre a un joven con una mirada conocida: la de Miranda, su primer amante que murió en extrañas circunstancias en el internado donde transcurrió su adolescencia.
César, el muchacho con la mirada de Miranda, es parte de un grupo de gente que ocasionalmente duerme en el cementerio, aparte de la mirada ajena, tambien tiene los zapatos de otro, los mocasines con que fue enterrado Renán, todas estas situaciones Vladimir las interpreta como señales del más allá, vuelve al pasado y trata de resolver el asunto de Miranda: porqué no tuvo el valor de proteger a Miranda cuando decidieron expulsarlo del internado y qué pasó realmente esa tarde en que su entrenador de natación le sugirió pasar más tiempo en la piscina y que fue la misma tarde en que murió Miranda.
Luego Vladimir se relaciona con César, descubre a la pandilla de saqueadores de tumbas, conversa con Susan sobre todo y nada, en su apartamento alguien destruye sus libros mientras el está ausente y deja escrito en el muro la palabra “maricón”, igual que en el internado, para Vladimir esto sólo puede ser obra de un fantasma o de alguien que viene del pasado.
César le cuenta su vida: su padre quería salir de la isla pero las autoridades no se lo permitieron, y los vecinos un día deciden darles un escarmiento a toda la familia, el padre los defiende y en el acto hiere a una chica en la pierna con una cubeta metálica llena de orina, el padre es enjuiciado, dura un tiempo en la cárcel y al salir se suicida, la chica lastimada resulta ser Lula, la abogada amiga de Vladimir, otro mensaje cifrado del tiempo (según él).
Luego Vladimir es arrestado y ahí conoce a “Criatura” un hombre de mirada blanca, capaz de ver los sueños de los que duermen a su lado, aquí Vladimir sueña esta balsa que lleva una jaula llena de hombres a los que otros les lanzan brea hirviendo y plumas, y a los que les prenderán fuego apenas desembarquen en Cayo Puto.
Luego en el cementerio "Criatura" le dice a Vladimir que Renán va en esa barca, el final de la novela es Vladimir despertando una mañana con la convicción de volver ese día al cementerio. De ahí en más no pasó nada, y no es que yo quiera que pasen más cosas, sino que ese elaborado montaje de coincidencias y personajes deje algo en claro, todo queda sugerido y ese es su mayor problema, ninguna de todas las preguntas que se hace uno como lector obtiene respuesta: qué pasó con Miranda, con los maricones quemados, qué diablos hace la “mulatica” que se casa por interés con el fotografo, para mi sólo es un personaje accesorio que le estorba a la historia, y Criatura, qué es en realidad.
Antonio José Ponte me deja con un montón de dudas y ni una sola certeza, tal vez algunos piensen que esa es una virtud, pero en este caso, no creo que esa haya sido la intención, con tal exceso de elementos y símbolos de los cuales ninguno sobresale, ni es constante, no me queda claro cual era la intención de toda la novela, tal vez abarcarlo todo y no decir nada. O tal vez decir algo esencial que se confundiera con todo el ruido que le pone alrededor. Yo elijo esto último, pero todavía no lo encuentro.
U_U


2 comments:

  1. Como lo cuentas... dan ganas de leerlo

    n_n

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  2. Pues tu sabes muchacha. Lo anterior es un comprimido de 158 páginas.

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